Desde la base de la escalera, la fachada se me hace minúscula y me siento perdido al comienzo del boulevard, cuyos edificios, vetustos, unos renovados, otros pidiéndolo a gritos, se alzan majestuosos en la perspectiva urbana. Los bares y cafés se extienden a las aceras del boulevard. No hay traza de viajeros ingleses esperando la salida de su barco a Constantinopla, ni de alemanes cuyo destino es algún país casi desconocido de África. Hace un tiempo excepcional en éste primer día de invierno. En las terrazas se bebe té y los hombres discuten en árabe. Marsella es cosmopolita, pero sobretodo, ciudad de emigrantes de África magrebí.

En la Cannebiére, doblamos a la derecha al mismo tiempo que un modernísimo tranvía, que si bien dio mucha polémica, es un signo vital de comodidad para los marselleses y del desarrollo del transporte limpio. El reordenamiento vial ha sido profundo, pero los inmuebles de la renombrada Cannebière parecen anclados en otro siglo.
En la Cannebiére, doblamos a la derecha al mismo tiempo que un modernísimo tranvía, que si bien dio mucha polémica, es un signo vital de comodidad para los marselleses y del desarrollo del transporte limpio. El reordenamiento vial ha sido profundo, pero los inmuebles de la renombrada Cannebière parecen anclados en otro siglo.
Llegamos al viejo puerto y alcanzamos a disfrutar de la algarabía de sus vendedores de pescados que pasado el mediodía comienzan a cerrar sus anaqueles. El ambiente mantiene ese sabor que los puertos mediterráneos han sabido conservar. El sol generoso otorga un color cálido a las fachadas que bordean el puerto. La blancura de Saint-Ferreol emerge entre los inmuebles vecinos y aprovechamos para entrar a la iglesia antes de volver a la estación.
Desde Saint-Charles, tomaremos un tren expreso regional que durante una hora irá bordeando toda la costa a partir de La Ciotat hasta nuestro término en Toulon. El acenso a la estación por las viejas escaleras es sofocante. Vacilamos a mitad, para entrar por la nueva explanada, pero quiero disfrutar la fachada de la estación a la que el arquitecto ha restituido su estado original. Desde la explanada, Marsella es pura luz provenzal.

Desde Saint-Charles, tomaremos un tren expreso regional que durante una hora irá bordeando toda la costa a partir de La Ciotat hasta nuestro término en Toulon. El acenso a la estación por las viejas escaleras es sofocante. Vacilamos a mitad, para entrar por la nueva explanada, pero quiero disfrutar la fachada de la estación a la que el arquitecto ha restituido su estado original. Desde la explanada, Marsella es pura luz provenzal.
Una vez dentro, y bajo la imponente vidriera de quince metros de altura, verificamos la salida de nuestro ter. Grupos de sindicalistas hacen coro alrededor de mesas que proponen material « revolucionario » y panfletos de apoyo a sus colegas en huelga. La gente deambula por los pasillos renovados. Trenes suprimidos. Trenes que llegarán con retraso. O que partirán como el nuestro.
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