jeudi 8 janvier 2009

Roquemaure sous la neige

Como soy timonel de mis idas y venidas, puse el dedo sobre el miércoles siete de enero para poner fin a las demasiado largas “vacances de Noël” y entrar a Paris. Billete comprado con bastante tiempo (casi dos meses de antelación, el prem’s no es ni cambiable ni reemborsable!, sncf oblige), y a partir del día jueves una agenda en movimiento. Y no!. En este regreso a Paris, el capitán del barco es el tiempo y ni yo ni la sncf podemos cambiar el curso de las cosas, salvo rechinar. Toda la noche del martes al miércoles, el mistral sopló con fuerza, el cielo era claro y límpido. Al alba, el mistral arreció y la frialdad dejó de ser acariciadora para convertirse en pezuñas hiriendo las mejillas. Paris durmió con nueve bajo cero y pronostican cuatro grados menos para esta noche. Toda la Riviera francesa ha visto vestir de blanco sus palmeras. Los marselleses se tiran bolas de nieve en el mismísimo puerto y en toda la región PACA el pánico a cundido, a punto de hacer temblar los tgv, perturbados por los huelguistas y ahora por la frilosidad de sus catenarias. Treinta centímetros de nieve y el tráfico ferroviario se ve suprimido completamente.
©cAc-2009
Casi al mediodía comenzó a nevar en Roquemaure. Las informaciones de 13h00 anuncian la supresión de todos los trenes circulando entre Paris-Marsella-Paris. El caos. Mi tren ha sido suprimido. Verifico en el site infoline de la sncf y confirmo que es una realidad. Mientras tanto sigue nevando en Roquemaure y sus alrededores. Llamo a Paris y anulo lo previsto para la mañana y tarde del jueves. Con buena suerte podré cenar con amigos para celebrar los treinta años de Alí Kemal, mi amigo turco.
©cAc-2009
Ya que no hay otra solución, pues a disfrutar del paisaje nevado del Ródano. El rigor del invierno entorpece el ritmo cotidiano de las regiones no habituadas a ver sus tierras coparse de blanco. Es posible que estemos volviendo a niveles casi normales de condiciones climáticas, que falta hace. Volvemos a casa los pies congelados. Mis botas de goma no son apropiadas, pero no tenía otras. A las cinco de la tarde vuelvo a entrar en infoline. La sncf tiene previsto hacer circular cuatro trenes en dirección a Paris. Cierro mi equipaje y nos ponemos en ruta a Avignon pasando por Sauveterre. Queremos evitar la caída de la noche. La nieve se ha solidificado y los carros patinan. El trayecto que habitualmente hacemos en 15 minutos nos lleva cuarenta. La gare tgv de Avignon es un hormiguero de gente perdida bajo su bóveda. Nadie en información. Nadie para decir que en el andén tres hay un tgv estacionado esperando la orden de partir a Paris. Es el segundo de los cuatro que circularán pero no el que yo debo tomar. Atravieso la estación tirando mi equipaje, el ascensor se ha bloqueado, no hago la validación del billete, monto no se qué vagón, acomodo mi maletín y me siento a esperar el silbato que los ya instalados en el tren esperan después de más de una hora. Un crepúculo negriazul ha dado paso a un cielo borrascoso. Ha cesado de nevar. El tren se pone en marcha. El coche de regreso a Roquemaure volverá a patinar sobre la “route de Sauveterre”. Miro mi billete sin compostar. Billete comprado con bastante tiempo (casi dos meses de antelación, el prem’s no es ni cambiable ni reemborsable!, sncf oblige), y a partir del día jueves una agenda en movimiento. Y no!. Ya todo ha sido cambiado, no vale la pena rechinar!

mardi 6 janvier 2009

Otro « gateau des rois » para no perder la costumbre…

La carretera que bordea el Ródano es una cinta helada que hace patinar el coche. El invierno se recrudece y el termómetro indica menos dos en Sauveterre. Al subir la cuesta que nos lleva al puente Daladier frontera entre Villeneuve y Avignon, la circulación se hace lenta y el humo de los carros ennegrece la fina capa de hielo al punto de hacerla desaparecer. La municipalidad tiene implantado un sistema de parqueo gratuito en dos puntos opuestos de la ciudad y eso ha hecho mucho bien a la circulación intramuros. Dejamos el carro parqueado en la isla Piot, que está en medio de la vía fluvial y tomamos una “navette” hasta la puerta de L’Oulle. La Place Crillon está desierta. Los comercios no han abierto y el viento agita las banderas del hotel D’Europe. Es día de Reyes. Las panaderías-pastelerías están de plácemes. Se celebra la Epifanía y las recetas del día equilibrarán los malos augurios de la crisis. Aunque ya es media mañana, la niebla no ha quitado la ciudad y las iluminaciones dan la sensación que cae la tarde. Hacemos nuestras gestiones y pese a la prisa nos detenemos frente a cada vidriera de panaderías. Es increíble que pueda haber tantas y tantas en todas las calles de la ciudad. La Place de l’Horloge es pura iluminación. La alcaldesa de Avignon no escatima en la imagen que necesita la ciudad para imponerse como atractivo polo turístico.

Antes que acabara el 2008 y por golosos ya habíamos cortado un gateau des rois. David no lo comió, argumentando que picarlo fuera de fecha era una herejía. Lo comimos nosotros y en castigo nos tocó una bruja como “fève”. Nuestros pasos nos llevaron hasta la panadería que conocemos bien. Y para mantener la tradición, compramos el gateau de rois que nos corresponde ofrecer.
El termómetro sólo ha aumentado de un grado. La ciudad comienza a bullir. En el camino me tropiezo una publicidad por la Epifanía. Pienso en el sobrino David. Si seguimos basculando las tradiciones, terminarán por perderse. Las “galettes des rois” comienzan a invadir los espacios publicitarios. Eso es lo de menos. Lo triste son las invenciones. Aprieto el obturador para mostrar la pub a David. Y se las muestro a ustedes. Así va el mundo, perdiendo hasta el gusto por los sabores de antaño. No estoy contra la modernidad ni la creatividad, siempre que ésta no nos destruya!
Es realmente hermoso el gateau des rois que picamos al final de la tarde y que David disfrutó como un muchacho.

Tour Philippe le Bel

Apenas dejamos atrás el fuerte Saint-André y ya estamos flanqueando otra construcción importante de la orilla derecha del Ródano: la torre fortaleza levantada en el siglo XIV por Randolphe de Mornel, arquitecto del rey. La construcción fue ordenada al mismo tiempo que el fuerte Saint-André. Situada a la salida del puente de Bénezet, era la atalaya ideal para vigilar a los vecinos de enfrente: los aviñoneses. La torre comenzó a levantarse en 1292 y fue terminada en 1307. El nivel superior de la torre, de estilo gótico, fue agregado en 1360. Por su tamaño, es visible desde toda la llanura y desde las alturas que circundan la región. Desde el puente sobre el Ródano que da paso a la ciudad que alberga el otrora palacio de los Papas, la torre acapara toda la atención, a sus pies el río, las barcazas y la “Guinguette du Vieux Moulin” amarradas a en su orilla.

Día de los Reyes

El 6 de enero resultó ser unos de esos días que quedó bien anclado en mi memoria. No sé en qué año, pero recuerdo que no levantaba dos cuartas del suelo. Desde que nací tuve una “secretaria” a mi disposición, y supongo que fue ella quien se encargó de escribir a los reyes magos (yo sólo debía colocar la carta dentro de un zapato en la base del árbolito de Navidad), que negoció cuanta transacción fuera necesaria y que veló mi sueño para escurrirse debajo de mi cama y colocar los obsequios transportados en camello desde lejanos puntos de la tierra. Locomotoras, trenes, máquinas, un camión-tolva (nótese que preferí hacer cemento que apagar fuegos, pues no fue carro de bomberos lo que pedí a los reyes), juegos de armar (siempre con la idea de construir algo), un balón (ni bate ni guantes ni pelotas), cuñas de carrera (quizás por esa manía de andar siempre a la carrera!), una filarmónica (que no recuerdo haber tocado jamás) y otros juguetes que deben estar en el fondo de un baúl. La gran obra de mi secretaria fue haber pedido a Gaspar, Melchor y Balthazar, una bicicleta, y como la filarmónica no había surtido efecto, para Reyes del 65 agregó a la lista una guitarra y otros juegos. La víspera de reyes el tema de conversación era el aniversario 85 de Alta, la madre-abuela-bisabuela de nuestro clan paternal y me llevaron a la cama, convencidos de que dormía, y en efecto, no logré ver cuando los tres gentiles hombres se escurrieron para depositar los regalos. Hacía un día hermoso ese seis de enero y grande fue el susto que me llevé cuando descubrí la bicicleta. A lo demás poco caso hice. La primera vuelta fue ayudado de las dos rueditas posteriores que permitían la estabilidad mientras “aprendía”, para la segunda mi padre quitó una ruedita y a la tercera fui yo quien pidió me dejaran pedalear sin la otra. Quise además, sujetar la guitarra mientras conducía y esa fue la última vez que tuve una guitarra en mis manos. El instrumento flaqueó, cayó delante de la rueda y quedó destrozado. La bicicleta me acompañó durante toda mi niñez y todavía vive en un rincón junto a otros trastos.
Que yo recuerde fue el último día de reyes sin sobresaltos. Tocó el turno a los juguetes de entrar en la era del racionamiento y los tres magos empezaron a suspender su visita anual. Dejó de escribirse la carta, y dejaron de preguntarme “qué quieres que te traigan los reyes magos?”. Padres, tíos y hermanos aprendieron a turnarse en aquellas largas colas donde daban un número que “cantaban” todas las noches hasta el día dispuesto por el mincin para la venta de los juguetes. Si no estabas en la “cantaleta” perdías el número y al final de la cola otra vez! Noches de vela, cola y sacrificio para comprar un juguete “básico” y dos “no básicos”, que con el tiempo uno de los “no básicos” se convirtió en “dirigido”, y así sucesivamente, fueron cambiando los términos, la cantidad, la calidad, y hasta el tradicional día de reyes que creo fue trasladado al mes de junio, como día de los niños. Para esa época, ya los juguetes no me interesaban, pero viví de cerca los avatares de mi “secretaria” para ofrecerlos a sus hijos, que no conocieron reyes pero tuvieron la suerte de heredar juguetes y memoria familiar. El tiempo ha pasado. Los hijos de mis sobrinos también han heredado trenes, maquinitas y muñecas, pero no conocen de la prisa de escribir la carta pidiendo tal y tal cosa, de la noche de insomnio víspera de reyes llena de ilusiones infantiles ni la alegría de desenvolver paquetes una mañana fresca de enero.

L’Epiphanie

La celebración de la Epifanía corresponde a la presentación del niño Jesús a los Reyes Magos, el 6 de enero. Epifanía viene del griego επιφάνεια que significa “aparición o fenómeno milagroso”.
La « galette des rois » se pica durante la Epifanía en la mitad norte de Francia como los provenzales cortan su « gateau des rois ». Igual fecha y tradición pero diferentes ingredientes en su composición. Si la Epifanía cae un día laboral, la celebración litúrgica es postergada al segundo domingo posterior a la Navidad.
La “galette des rois” se hace a base de una masa de almendras (frangipane) y tiene el aspecto de una galleta.
El “gateau des rois” es una “brioche” en forma de corona, polvoreada de azúcar granulado y guarnecida y decorada de frutas confitadas fabricadas en Apt, que es la meca “des fruits confits”.

Izq: Villeneuve 2009. Der: Avignon 2007. Abajo: Tarascon 2008.
Tanto en la galette como en el gateau, será una incorporada una figurilla, y a quien le toque en su porción, obtendrá la corona, y deberá ofrecer la próxima galette o gateau a cortar. Esto ha conllevado a que en reuniones familiares, la “fève” haya desaparecido por la mezquindad del que habiéndola encontrado, la haya tragado para no verse obligado de ofrecer la siguiente como corresponde. Todo indica que la tradición tiene su origen en las celebraciones saturnales de la Roma antigua. La figurilla o “fève”, que con el tiempo y su evolución ha dado lugar a salones y eventos, es muy apreciada por su valor coleccionable.
La figurilla o “fève” en el sur representa generalmente los personajes que se conocen como “santones provenzales”. Hoy día, cuentos, leyendas e historias infantiles han dado lugar a infinitas series de figurillas.
Pero volvamos a la parte que se pierde en la tradición. Antes, cuando el mundo era más simple y la comunicación menos sofisticada, la puerta de la casa estaba presta a abrirse al pasante, por lo que el dulce se partía entre los convives y una porción suplementaria para aquel que pasara sin esperarse. A esta porción se le llamaba “la parte del pobre” o “del buen Dios”. La repartición de las porciones cortadas corresponde al menor de los infantes de la casa, que desde debajo de la mesa pronuncia el nombre de a quién corresponde la porción.

lundi 5 janvier 2009

Fort Saint-André

El Ródano, desde que lo crucé la primera vez, lo atrapé en mis pupilas como un talismán imposible de guardar en un bolsillo. Y cada vez, descubro que no es un río como los otros. Es más que un río, es un Bélico ficticio, el brazo de un mar incierto, una serpiente que no cesa de arrastrarse y humedecer con sus crecidas las tierras que lo bordean. El río es la frontera entre Vaucluse y Gard y se deja admirar desde sus dos riveras. La rivera languedociana es por la que siempre nos encaminamos a Avignon. Desde Roquemaure, la ruta cruza Sauveterre y más adelante, antes de cruzar el puente hacia Vaucluse, serpentea Villeneuve-lès-Avignon. Entrando, el panorama rocoso donde se yergue el Fort Saint-André cautiva toda la atención.
©cAc-2009
©cAc-2009
El fuerte de estilo medieval fue encargado al arquitecto Jean du Louvres alías Loubières por Philippe le Bel en 1292 para imponer su poderío justo enfrente de las tierras del santo imperio romano-germánico y de los Papas de Avignon. La construcción fue determinada sobre el monte Andaon, lo que permitiría proteger la abadía benedictina y el burgo de Saint-André. Los trabajos terminaron en el siglo XIV.

Es impresionante la muralla fortificada interrumpida por torres de rondas, y la puerta monumental protegida también por dos torres gemelas desde las cuales se acecha toda la llanura rodaniana, el Mont Ventoux, la cadena de las Alpilles, la vieja ciudad papal del otro lado del río y evidentemente, a sus pies, Villeneuve, en la que también nos detendremos sin prisa.
©cAc-2009

Châteauneuf-du-Pape

Atravesamos Châteauneuf-du-Pape cada vez que vamos a Sorgues para encontrarnos con la familia Gaillard, y no ponemos atención que estamos atravesando el pueblo de los Castals-Papals, cuyos vinos, elaborados a partir de trece variedades de uva, son distinguidos en el mundo entero. El sábado fue uno de esos días, y quise caminarlo a mis anchas, entrar en sus famosas bodegas y subir a las ruinas de la otrora residencia de verano de los pontífices cuando Avignon era ciudad papal.













Châteauneuf se alza en una de las suaves colinas que se empinan tímidamente en la llanura sur del territorio y que limita con el Ródano. La cercanía del río ha propiciado la formación de terrazas de aluvión, y la presencia de guijarros de quarzite arrastrados en sus crecidas. Estas piedras que cubren el terreno devuelven a las viñas durante la noche el calor que acumularon durante el día.

Desde las ruinas del château, el pueblo regala un espectáculo de tejados sostenidos por cornisas provenzales, el campanario esbelto entre las casas, los viñedos que rodean la comuna y en la lejanía, hacia el sur, Avignon envuelta en la bruma del Ródano que la serpentea. Hacia el nordeste, “les dentelles de Montmirail”, como antesala del Mont Ventoux, omnipresente.

Promenade fétiche


©cAc
En lugar de una siesta después del almuerzo de Nouvel An, hicimos esa « promenade » balance de año acabado y de nuevas resoluciones a tomar, un paseo entre los viñedos que se extienden al sur de Roquemaure, las viñas de Saint-Roch, las de Cantegril, los senderos fríos que en ésta época son huérfanos de gênets y con olivos desnudos en los bordes de los caminos, la garriga agresiva montando los flancos de las colinas rocosas. En lontananza el Mont Ventoux, la cima nevada, erigido en guardián de la región.
©cAc
El cielo de un azul triunfalista destila una claridad que enceguece, el sol se oculta en algún recodo y detenido observa las sombras desplazarse sin lograr aplastar los guijarros.
©cAc
La promenade invernal, a diferencia de las de primavera y otoño, nos mantiene callados, las manos enfundadas en los bolsillos, mirando los viñedos extenderse sin fin y chocar con el cielo y bajar y volver a subir diminutas elevaciones que vuelven a perderse detrás de robles gigantes, pinos parasoles y cipreses confiados al viento.
©cAc

jeudi 1 janvier 2009

Comienza a correr el 2009…

Cielo provenzal pasada la media noche…
Guirnaldas luces y decoración las encontramos por doquier, de Tokyo a Nueva York, de Londres a Istambul, Sidney, Miami, Río o Madrid, que caserío, pueblo o gran ciudad no ilumina sus calles para recibir el Nuevo Año? Recuerdo ese primer día, la familia otra vez en puro trance de masticación como si llevaran meses sin probar bocado. La gente en las ciudades no conoce de esas mesas largas manteladas que la gente de campo saca al patio con todo lo que sobró de la cena de Nochebuena y de la comida del 31, a no ser que tengan familia en las afueras de la ciudad o en zonas rurales. Hay quienes asarán otro cerdito, en pulla, humeando mientras unos le riegan vino y un buen adobo con ajo, limón, cebolla, aceite de oliva y espolvoreado de pimentón y otros beben sentados en taburetes con piel de chivo. Si no, la montería será el plato preferido de la mesa: empellas, chicharrones, masas de cerdo secas cortadas bien finas, y masas y pellejitos, sofreídos en pimentón y vino seco, morcillas y mondongos, lengua, rabo, orejas y las patas rebozadas…, por supuesto, el congrí recalentado en una caldera cubierta con hojas de plátano, yuca con su mojo y chatinos bien doraditos, ensalada de tomates, lechuga y rábanos. Yo me limito a lo que durante años vi en casa de mis tíos y primos y las de otras familias de los barrios “rurales” de la ciudad del Bélico, que tiene sus particularidades con respecto a otras regiones de la Isla. Recuerdo que tuve una novia en Banes y que disfruté mucho un primero de enero en esa ciudad del norte oriental cubano, hubo montería, mucho vino casero y descubrí el pan de nuestros aborígenes, el casabe, y la bebida de la región oriental: el pru.

Cielo provenzal al amanecer…
El Año Nuevo en Provenza es otra cosa, no es que sea mejor que en otros lados, pero la mesa es la mesa, y la decoración hace la fiesta! El gallo, que simboliza el año que comienza a correr, será servido, relleno y con toda la grasa que el horno le proporcionará bien acompañado en el gusto y el decorado: los meses estarán representados por doce perdices, los días por treinta huevos y las noches por treinta trufas negras. Pan, queso y vino y otras golosinas y licores. Pura tradición que en contadas ocasiones tenemos oportunidad de disfrutar, salvo que encarguemos un chapón y lo comamos sin todo lo que lleva!. La prisa, los productos listos para servir, la línea a mantener, la pereza, el agotamiento de los días anteriores y del “reveillón” que nos mantuvo en vilo, bailando, colgados al teléfono o pasando sms de felicidades y mejores votos…, la tradición se queda como una historia más a contar sentados a la mesa.
Cielo provenzal avanzada la mañana del Nuevo Año.

Bonjour 2009