Llevo tiempo dándole vueltas al asunto. Un tema espinoso, del cual no soy especialista, pero que como ciudadano del mundo me concierne: el cambio climático. El clima siempre ha cambiado en todo el planeta, y con fuerza en muchas ocasiones. Los cambios actuales son drásticos y el peligro acecha a todos. Rara es la mañana en que abra mi lista de periódicos digitales, y que no encuentre un artículo en referencia al tema. En el mundo se producen grandes y pequeños acontecimientos, y según su talla e importancia, aparecerán y desaparecerán de nuestras pantallas. Bangkok, megalópolis de 12 millones de personas vive inundaciones históricas que han obligado al éxodo de sus habitantes. Hace dos días, una tromba marina provocó un tornado de poca intensidad que tomó desprevenidos a los residentes de dos barrios de Sanary-sur-Mer, en el Mediterráneo francés. Las aguas circulan por el globo, ya sean corrientes frías profundas o cálidas superficiales, y esta circulación influye notablemente en los climas regionales del planeta, y también en las cartas geográficas de los países. Me viene a la memoria, -aunque los huracanes no son consecuencia precisa del cambio climático- los destrozos que trajo el huracán Kate para la costa norte de Villaclara, y que motivaron el desmantelamiento de dos pueblitos pesqueros cuyas playas gozaban de una popularidad sin par, me refiero a El Salto y Ganuza. Los residentes permanentes no tuvieron otra opción que mudarse a los edificios multifamiliares construidos en un área de Corralillo, y quienes eran propietarios de una casa secundaria, no les quedó más remedio que aceptar la expropiación y una miserable indemnización. Durante una visita “turística” a Isabela de Sagua, quedé impresionado por la deterioración urbana del pueblo y el abandono en que se mantienen sus casas sobre pilotes. Como el norteño puerto isabelino, colgados en la costa, otros pueblitos villaclareños son acariciados por las aguas del Atlántico, como se dejan acariciar islotes y cayos del archipiélago de Sabana. Y todo ese conjunto geográfico padece del temor a la subida de las aguas. Y precisamente, un excelente filme documental testimonia de la acechante invasión de las aguas en el territorio costero de Villaclara, la Invasión Azul que nos ofrece su guionista y director, Arnaldo Díaz Jiménez. Yo aprecié enormemente el trabajo de Arnaldo, y busco todas las posibilidades que me permitan exhibirlo a estudiosos del tema (tengo compañeros de universidad que tratan el tema de riesgos naturales y prevención) y a un público interesado en las consecuencias del cambio climático. A quienes les pueda interesar el tema, aquí les dejo el link http://arnaldo.blogia.com/2011/050101-invasion-azul-i-.php y la esperanza de poder compartir el material.
*Arnaldo Díaz Jiménez. Santa Clara. Guionista y director de cine & tv. Graduado de Lengua inglesa por el ISP Félix Varela de SC en 1987. Miembro de la filial de Cine, Radio & TV de la Uneac en VC. Trabaja como director de programas en el canal provincial Telecubanacán.




Trabajamos juntos en una escuela que formaba técnicos para el ministerio de la construcción. Apenas comenzaba la década de los 80. El cotidiano era otro, clases, guardias, reuniones, gente buena y otros menos buenos. Fuimos colegas hasta 1987 y por ese entonces nunca intercambiamos una palabra que tuviera que ver con la literatura. Años más tarde, durante una corta estancia en Santa Clara vi afichado su nombre en un anuncio de la Casa del Joven Creador, creo que era una lectura de obra o algo así. De esa manera descubrí al Lorenzo Lunar escritor de novelas policiacas, y en vano traté de localizarlo para compartir la alegría de la nueva. Hubiera sido mejor preguntar a los vecinos de la calle Real si conocían al padre de Leo Martín, pero en barrios marginales y no tan marginales, preguntar por un policía podía ser un fiasco. A su paso por Paris, de brazos con Rebeca, me envió una señal de humo electrónica pero el indígena santaclareño iba camino del sur hexagonal. La XVIII FIL anunció que la vida es un tango y yo temeroso de perderme en Buenos Aires, me refugié en la Sala Caturla para escuchar la presentación preparada por Leonardo Padura, saludar a Rebeca Murga, y pedir a Lorenzo que me firmara lo menos marginal posible la segunda novela de su trilogía policiaca.





Quienes prefieran la literatura de lo absurdo encontrarán en el libro de Luis A. Pérez las herramientas necesarias para regocijarse y entrar en su mundo absurdo puesto a girar al revés en la palabra de la profesora y crítica Carmen Sotolongo Valiño, que tuvo a su cargo la presentación de Cuentos personalmente absurdos, publicado por la editorial Capiro en su Colección Ulán. He aquí cómo resume Carmen Sotolongo la ópera prima de Luis A. Pérez: “


La memoria no ha naufragado. Su bote hizo agua pero recaló en una orilla del Sena, del Hudson o del Guadalquivir. La memoria ha caminado, nadado y hasta se ha puesto alas para convertirse en paloma mensajera. Rebeca escapó de un pueblo perdido de Zulia y caminando fue a dar al canal de Panamá. Saludó a los barcos mientras esperaban el paso por las esclusas y cruzó el itsmo y siguió recogiendo flores y cantos de pájaros para no perder la memoria. Se hizo náufraga impertinente sin utilizar el olvido cuando sus pies tocaron el final. Ignacio regresó a la costa, solo, tiritando, después de haber nadado él mismo no sabe cuanto guiado por una estrella y la memoria. Volvió al mar. Arrastró su barca inventada con maderas viejas, acompañado de un refrán que otras memorias no han dejado morir. Pero los vientos y la corriente del estrecho son más fuertes que los refranes y tuvo que volver con aquello que quedaba de la barca y el refrán guardado en la memoria. Cambió de refrán la tercera vez y decidió poner sus pies mojados en una playa casi desierta al alba, huérfano de amigos y de hermanos. Su memoria cobró vida. La suerte puede ayudar a tender un puente a la memoria, ponerle alas y volar, volar hasta otras tierras donde el olvido se vista de anécdotas y cuente las historias con la palabra de aquellos que no la dejaron naufragar. Eso sentimos en el auditorium de la maison de l’Amérique latine escuchando al autor de “Cuba, mémoires d’un naufrage”, a su presentadora, la escritora Zoé Valdés, a la pintora Gina Pellón, a Miguel Sales, a Henry Pérez-Granda o a Armando Valdés, todos fugitivos-testigos de la memoria que no puede naufragar. En la mesa estuvo su editor, de la casa Buchet-Chastel y en la sala, un público que siguió con atención las anécdotas contadas por quienes la han vivido.