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jeudi 27 octobre 2011

Invasión Azul (Arnaldo Díaz Jiménez*)

Llevo tiempo dándole vueltas al asunto. Un tema espinoso, del cual no soy especialista, pero que como ciudadano del mundo me concierne: el cambio climático. El clima siempre ha cambiado en todo el planeta, y con fuerza en muchas ocasiones. Los cambios actuales son drásticos y el peligro acecha a todos. Rara es la mañana en que abra mi lista de periódicos digitales, y que no encuentre un artículo en referencia al tema. En el mundo se producen grandes y pequeños acontecimientos, y según su talla e importancia, aparecerán y desaparecerán de nuestras pantallas. Bangkok, megalópolis de 12 millones de personas vive inundaciones históricas que han obligado al éxodo de sus habitantes. Hace dos días, una tromba marina provocó un tornado de poca intensidad que tomó desprevenidos a los residentes de dos barrios de Sanary-sur-Mer, en el Mediterráneo francés. Las aguas circulan por el globo, ya sean corrientes frías profundas o cálidas superficiales, y esta circulación influye notablemente en los climas regionales del planeta, y también en las cartas geográficas de los países. Me viene a la memoria, -aunque los huracanes no son consecuencia precisa del cambio climático- los destrozos que trajo el huracán Kate para la costa norte de Villaclara, y que motivaron el desmantelamiento de dos pueblitos pesqueros cuyas playas gozaban de una popularidad sin par, me refiero a El Salto y Ganuza. Los residentes permanentes no tuvieron otra opción que mudarse a los edificios multifamiliares construidos en un área de Corralillo, y quienes eran propietarios de una casa secundaria, no les quedó más remedio que aceptar la expropiación y una miserable indemnización. Durante una visita “turística” a Isabela de Sagua, quedé impresionado por la deterioración urbana del pueblo y el abandono en que se mantienen sus casas sobre pilotes. Como el norteño puerto isabelino, colgados en la costa, otros pueblitos villaclareños son acariciados por las aguas del Atlántico, como se dejan acariciar islotes y cayos del archipiélago de Sabana. Y todo ese conjunto geográfico padece del temor a la subida de las aguas. Y precisamente, un excelente filme documental testimonia de la acechante invasión de las aguas en el territorio costero de Villaclara, la Invasión Azul que nos ofrece su guionista y director, Arnaldo Díaz Jiménez. Yo aprecié enormemente el trabajo de Arnaldo, y busco todas las posibilidades que me permitan exhibirlo a estudiosos del tema (tengo compañeros de universidad que tratan el tema de riesgos naturales y prevención) y a un público interesado en las consecuencias del cambio climático. A quienes les pueda interesar el tema, aquí les dejo el link http://arnaldo.blogia.com/2011/050101-invasion-azul-i-.php y la esperanza de poder compartir el material.



*Arnaldo Díaz Jiménez. Santa Clara. Guionista y director de cine & tv. Graduado de Lengua inglesa por el ISP Félix Varela de SC en 1987. Miembro de la filial de Cine, Radio & TV de la Uneac en VC. Trabaja como director de programas en el canal provincial Telecubanacán.

dimanche 19 juillet 2009

Quartier lointain de Jirô Taniguchi

Otra BD que no ha escapado a mis momentos íntimos de lectura cuando el sueño se convierte en una búsqueda incesante de imágenes y barrios lejanos. Otra “manga” de Jirô Taniguchi para aplacar mi sed de samurái errante de este siglo por los recovecos extraños de un país moderno contado por un niño grande que no es más que un hombre niño. Tengo la costumbre de leer sin prisa las BD. Me invitan a entrar en sus páginas al revés, como las mangas originales, para crearme cierta sensación de confusión animosa, de sortilegio diseñado, de espíritu en blanco y negro. Y leí sin prisa Quartier lointain a mi regreso de la isla (la del Caribe, no la que se tambalea entre las aguas del mar del Japón!), que para ese regreso ya había sido comprado. El libro, cerrado, marcando con su cinta azul la página noventa y dos quedó como un talismán en mi mesa de noche. Hice maletas nuevamente, y a mí vuelta a la casa, casi a medianoche, al encender la lámpara de “mi lado”, sentí que me observaban. La casa en silencio. Las luces apagadas, y “mi lámpara” encendida. La luz incidía directamente sobre la cubierta del libro y rebotaba en tonos tenues como la imagen de fondo del barrio lejano desde el cual Hiroshi me miraba. Y como el insomnio se instalaba entre las cuatro paredes, saqué la cinta que marcaba la página 92, y pensé en mi padre. En el padre de Hiroshi, y otra vez en mi padre. En el verdadero padre de Hiroshi, perdido en la historia de la guerra, y su otro padre, aquel que lo abandonaba. Y volví a pensar en mi padre, al que yo “abandonaba” por esas cosas de la vida, de vez en cuando y de cuando en vez… Pensando en él, me fui quedando dormido, como cuando me sentía dar vueltas en la cama, y desde su cuarto me preguntaba, si yo quería que él me “echara un reza’o” para que yo pudiera encontrar el sueño.
Mientras duró mi “retiro” parisino, cada noche iba al encuentro de Hiroshi, trasladado como yo, a su barrio en Kurayoshi, situado en una región no lejos del mar del Japón. Menos cerca del mar, y aunque también, sí, no lejos del mar, mi padre miraba la gente pasar desde su sillón detrás de una reja en hierro forjada un año antes de su nacimiento. Fue un 19 de julio. Corría el 1917. Tuve la impresión que Hiroshi hablaba para mí, que me contaba sus cuitas, que hablaba de su padre y yo le contaba del mío, mirando la gente pasar detrás de una ventana protegida por una verja. Terminé por segunda vez la lectura de Quartier lointain, y lo dejé sobre la mesa de noche justo debajo de la lámpara.
Cuando hice la maleta conocedora del camino hacia el “verano”, y me disponía a cerrar la casa, volví a entrar, fui al cuarto, y volví a sentir la mirada melancólica de Hiroshi, como pidiendo que lo llevara conmigo, a cualquier lugar lejano, no lejos del mar. Tomé el libro en mis manos sin vacilar, lo eché en la jaba que porta las cosas “preciosas” e hicimos, para complacerlo, el trayecto de Tokyo a Kurayoshi, en el mismo shinkansen que lo trasladaría a su barrio lejano, más que nada, lejano en el tiempo.
Hiroshi y yo tenemos la misma edad. Él no conoció a su verdadero padre, y yo pasé años sin conocer al mío, aunque viviéramos bajo el mismo techo. Atando cabos he aprendido a explorar cada mirada anciana de mi padre y a partir de la luz que siempre tienen sus ojos verdes, he ido interpretando cada deseo, cada emoción, cada descalabro.
La biblioteca familiar desborda de libros. Lecturas no faltan nunca, y me aplico a leer dos o tres autores al mismo tiempo. Cada libro en proceso de lectura ocupa un lugar en la casa. Hay momentos de solaz para cada uno. Según canten las cigarras o baje el sol tiñendo de rojo la veranda. Y aquel otro libro que tiene el privilegio de cerrarse antes del tercer bostezo. La BD de Taniguchi, se instaló otra vez en esta otra casa, en esta otra mesa de noche, y por tercera vez, luego de otro regreso, he vuelto a pasearme con Hiroshi por las calles, ahora casi desconocidas de Kurayoshi.
Anoche cerré definitivamente la historia paternal contada en BD. Pero no la mía. Mi padre debería estar sentado a la mesa, comiendo, cuando yo cerraba el libro, y de manera expresa, lo marcaba con la cinta azul en la página noventa y dos. Para marcar los años que cumple mi padre, a esta hora del mediodía francés, cuando todavía el da vueltas en su lecho, esperando que llegue el momento en que todos le digamos, felicidades viejuco.

Izq.: El viejo Carlos a sus 90 años. Der.: En marzo del 2009.

mardi 7 juillet 2009

Sempre l’Oest de Josep M. Romero (*)


Un viaje no puede resumirse a un viaje. Y al interior de un “viatge” hay excursiones que yo prefiero hacer a modo de escapadas. En Girona, una escapada puede ser un paseo verde serpenteando los jardines de la muralla, el descenso al Valle Umbrío por un sendero escondido entre los árboles, montar un autobús para hacer los setenta y cuatro kilómetros hasta Cadaqués o subir corriendo al vagón de un tren regional que en menos de media hora nos deposite en Figueres. Hemos, sin embargo, hecho otro viatge en Girona, embarcándonos en el Ulyssus (1), un barco varado en el Onyar y al cual se entra por el muelle que a nosotros se nos antoja la carrer de Ballesteries. Decidir en Ulyssus una escapada o un viaje es tarea ardua entre tanta y tan variada literatura. Primero encontramos a Alba, que nos ofreció huir con ella desde Girona, llegar a Venecia y más tarde a la Tesalónica griega. Luego descubrimos que podíamos entrar por el mar a La Habana, inventariados todos sus secretos por un talentoso escritor de la isla. Ulyssus nos atrapó una vez más. Jordi, y se lo agradecemos, nos invitó a montar en un buque carguero en dirección al oeste, capitaneado por un conocedor de viatges que nos aseguró poder dar la vuelta al mundo sin necesidad de interpretar complicados mapas. Nos sentamos en cubierta cuando el sol comenzaba a declinar, también hacia el oeste, y la noche nos sorprendió escuchando detalles del viaje de la boca de su autor, viajero como yo, el barcelonés Josep M. Romero, sabiamente presentado por Xavier Moret(2).

Fotografía de cubierta: Navegación por el río Negro, en la Amazonia brasileña. ©Álvaro Leiva

(*)Josep M. Romero (Barcelona, 1956) viajero desde temprana edad, a dedo por Europa y más tarde por Asia y otros continentes. A escrito la Guía Altaïr de la India, la narración viajera El jardín del hielo, El libro de la cocina exótica y una novela negra, Mort al Sahel.
(1)Ulyssus: http://www.ulyssus.com/
(2)Xavier Moret (Barcelona, 1952)escritor y viajero, autor de Islande, l’île secrète, Zanzibar peut attendre y Viatge per la Costa Brava entre otras obras.

mercredi 10 juin 2009

La nostalgia domina los rincones – Mariana Pérez (*)

Así se titula el poemario de la escritora santaclareña que publicara la editorial Capiro en su colección Zarapico. La nostalgia también dominó la tarde que pasamos Mariana y yo trayendo a la memoria una veintena de años atrás. Pura nostalgia, sin insatisfacciones, sin charla vacía ni comadreo de escribanos. Nos paseamos por las calles de Santa Clara sin movernos de la saleta de mi casa, que a esa hora nos bendecía con el fresco viniendo del patio. Mariana es también decimista y fuerte en ese género. Es la fundadora y conduce la tertulia « La décima es un árbol » que se desarrolla en la casa de la Uneac villaclareña. No se detiene esta mujer poeta graduada de filología en la Universidad Central de Las Villas, siempre a la búsqueda de nuevos horizontes grandes y pausados como ella. La escritora ha publicado trabajos en Huella, Contacto, Brotes y colabora con el periódico Vanguardia.
Esta es la portada del libro, en cuya contraportada puede leerse : « la nostalgia, que domina todos los rincones de la memoria, acude donde el verso y lo satura con su tenue aroma. El poema se nutre, entonces, de resonancias, y vibra desde su modesta dimensión, pues el estruendo no es su meta. A donde llega lo hace sin ánimos de trascendencia, lento, solapado, fugaz.
(*) Mariana Pérez Pérez, Santa Clara, 1951.
A propósito, les dejo el poema que la escritora envió al Premio Poesía Varadero 2009

POEMA PARA TUS MANOS, IMITANDO A GERTRUDIS(*)

A Héctor Peláez

Manos.
Tus manos
me santiguan.
Árbol sin freno,
país del aire
que me escancia vino.

Las distancias disuelven
cuando pulsan mis cuerdas.
Parábolas que saltan
hacia un candil sin humo
son tus manos profundas:
profundas por distantes,
distantes por cercanas,
cercanas como un ciclo
de nubes en la noche.

Dedos. Panal y cometa
juguetón, que en lontananza
trenza la audaz esperanza
con las yemas del profeta.
Dedos largos –como asceta
que trueca un salmo en destellos
para salvar los resuellos
del soldado moribundo–,
tus dedos tocan al mundo
y el mundo vive por ellos.

Anillo y anular sostienen
palomas y son desgarraduras
sobre un tiempo que arroja del reloj
los insomnios y avanza en las agujas.

Diez uñas que temen al desequilibrio
van creciendo en las dulcísimas guitarras
por los canales de sus bocas desmedidas,
y se escapan del puente, y someten las pausas.

Con tus manos acercas la plenitud del sexo
cuando perfilan, crédulas, el fiel de mi constancia
para arder como lúbrico destino en mi silencio.

Lentamente en sus dominios oscilan como una rama,
besan y rozan, caminan por campánulas e incienso,
y después que son la luz, tus manos se me refractan.

Mariana Pérez / 24-09-2007

(*)Imitación, por la forma, de “La noche de insomnio y el alba : fantasía”, de Gertrudis Gómez de Avellaneda.

mercredi 3 juin 2009

INPRONTAENLASDUNAS

Aspiro a que inprontaenlasdunas quede como “une empreinte” en esta bitácora que me ha permitido reencontrar viejos amigos y colegas. Y es precisamente un colega de aquellos años tambaleantes de finales de los ochenta a quien tengo el placer de presentar todavía comenzando junio: Andrés Díaz Castro, escritor irreverente con la p y maestro de la conversación, autor del blog que les presento y que uno a mi lista de Blog-lazos. Como otras veces, la comunicación ha sido a través de un tercero, tercero que desde Portland, Oregón, me ha proporcionado la clave del enlace, recibida bajo las ráfagas caprichosas de un mistral en ascenso y que por temor a perder la huella, posteo lo más rápido posible. Gracias Maria Elena, porque yo sé que aquellas tardes calurosas de Mantilla, a la escucha de Andrés nos marcaron. Enhorabuena, viejo colega.

vendredi 29 mai 2009

Espacio, luz y muros al interior de Castelas


Dos veces entré en la capilla romana de Le Castelas. La primera, ayer, cuando descubría Rochefort y sus callejuelas. Una de esas callejuelas, por casualidad, me condujo a la cumbre rochefortina. El sol iba descendiendo en su vuelo y los muros del recinto se avivaban con la luz en fuga. La puerta entreabierta, el espacio vacío agrandado por la desnudez. Saludé a viva voz y de entre los muros como un ángel salió una muchacha, con útiles de trabajo en sus manos. Y una segunda muchacha. Las dos, sin que yo pudiera adivinarlo, daban los últimos toques a la exposición que abriría al día siguiente. Gentiles, me invitaron a que descubriera el lugar y luego me invitaron a asistir a la exposición.
Por segunda vez vuelvo a Rochefort-du-Gard y entro de nuevo en Le Castelas como espectador de una obra fusionada con otra obra. Como todo evento, los vernissages tienen su público, y al exterior del emblemático lugar, rochefortianos y otros curiosos esperaban la apertura. Allí estaban Estelle Moriconi y Anne Saligann, las dos jóvenes artistas que han sabido fusionar sus artes para lograr un equilibrio/desequilibrio de los colores, la luz y el espacio. Castelas les ha proporcionado las tres cosas, el espacio desnudo debajo de su nave, la luz irresistible que penetra por su ojo de buey y la ventana de su fachada principal; y los vestigios de los frescos aún vivos en sus muros.


Como mariposas, las dos mujeres han aleteado entre los muros buscando penumbras y claroscuros capaces de dar una dimensión desconocida hasta ahora en la capilla. Del óculo antiguo a los muros, de los muros al cielo beige de la bóveda, de los frescos a los conos suspendidos, del rostro invisible a la visibilidad de una tristeza que mira entre los cuadrados transparentes cual pared descubierta a fuerza de luces…


Bien valdría la pena subir la cuesta y penetrar en el recinto, mientras el sol se encapricha en hacer penetrar la luz, que con una cadencia antigua se apodera de la técnica para engrandecer el espacio. Satisfecho dejo luces y piedras, después de haber saludado a las dos artistas, haber escuchado la presentación hecha por M. Vacaris, alcalde de Rochefort-du-Gard, intercambiado saludo con M. Pecoult, alcalde de Roquemaure y ahora les dejo una secuencia de fotos de la instalación concebida por la pintora rochefortina (Anne Saligann) y la artista plástica roquemorena (Estelle Moriconi).


samedi 16 mai 2009

AKASYAS

Voilà, un blog parfumé des akasyas vient de rentrer dans la blogosphère, et bien sûr, il rentre aussi tôt dans mes blog-lazos.
http://ali-kemal-dogan.blogspot.com/
Bienvenu, Ali Kemal Dogan, cher ami, dans l’univers de tous, avec le tiens, planté des acacias aux branches épineuses mais aussi aux fleurs odorantes.

dimanche 1 mars 2009

La vida es un tango – Lorenzo Lunar (*)

Trabajamos juntos en una escuela que formaba técnicos para el ministerio de la construcción. Apenas comenzaba la década de los 80. El cotidiano era otro, clases, guardias, reuniones, gente buena y otros menos buenos. Fuimos colegas hasta 1987 y por ese entonces nunca intercambiamos una palabra que tuviera que ver con la literatura. Años más tarde, durante una corta estancia en Santa Clara vi afichado su nombre en un anuncio de la Casa del Joven Creador, creo que era una lectura de obra o algo así. De esa manera descubrí al Lorenzo Lunar escritor de novelas policiacas, y en vano traté de localizarlo para compartir la alegría de la nueva. Hubiera sido mejor preguntar a los vecinos de la calle Real si conocían al padre de Leo Martín, pero en barrios marginales y no tan marginales, preguntar por un policía podía ser un fiasco. A su paso por Paris, de brazos con Rebeca, me envió una señal de humo electrónica pero el indígena santaclareño iba camino del sur hexagonal. La XVIII FIL anunció que la vida es un tango y yo temeroso de perderme en Buenos Aires, me refugié en la Sala Caturla para escuchar la presentación preparada por Leonardo Padura, saludar a Rebeca Murga, y pedir a Lorenzo que me firmara lo menos marginal posible la segunda novela de su trilogía policiaca.
©cAc-2009
(*) Lorenzo Lunar Cardedo, Santa Clara, 1958. Novelista y cuentero, ha publicado El último aliento (Ed. Capiro, 1994), Échame a mí la culpa (Ed. Cap. San Luis, 2000), Cuesta abajo (2002) y Que en vez de infierno encuentres gloria (Ed. Unión, 2003).

Días como hoy – Ricardo Riverón (*)

Ricardo Riverón, veterano del batallar literario, carga sobre sus espaldas una obra en la que siempre ha desdoblado su alma de poeta. Lo recuerdo, insoportable, en los talleres de creación, quince años mayor que nosotros y se encaprichaba en llevar riendas aunque nadie se lo pidiera. Con los años, todo se suaviza, incluso hasta la manera de teclear, y creo que Riverón no ha escapado a ello. Ayer, pudo haber sido soleado azul, con huracanes insolentes a punto de escapar de sus bolsillos, llegarán días diferentes, en su vida y la de otros, pero Días como hoy, lleno de confesiones paternales y haciendo alusión a los que están presentes, que nada le han pedido, solo un saludo como días que fueron desiguales a este sábado, muestran la solidez de su poesía y la madurez de su escritura. Yo le agradezco la sensibilidad de un día como hoy.
©cAc-2009

Jorge A. Hernández presenta el libro de poesía de Riverón en la Sala Caturla de la Biblioteca Martí.
©cAc-2009
(*)Ricardo Riverón Rojas, Zulueta, Villaclara, 1949. Periodista, editor y poeta y decimista. Sus textos han sido publicados en antologías y publicaciones diversas. Ha publicado además varios libros de poesía y testimonio. Oficio de cantar (1978), Y dulce era la luz como un venado (1989), La luna en un cartel (1991), La próxima persona (1993), Azarosamente azul (2000), Pasando sobre mis huellas (2002), Memoria de lo posible (2004), Lo común de las cosas (2005), Otra galaxia, otro sueño (2005) y Bajo una luz que no existe (2005).

samedi 28 février 2009

La novela de mi vida – Leonardo Padura (*)



A alguien como Padura, es difícil de presentar. Es un escritor mayor de la literatura cubana contemporánea del que me he leído casi toda su obra. Lo conocí, en Mantilla, en la casa familiar de los Padura. Me unía una buena amistad a su hermano Javier, competente diseñador, al que admirábamos mi amiga María Elena Lee y yo. Por otro lado, su señora madre es una excelente cocinera que nos sentaba a su mesa como si fuéramos sus propios hijos. Tiempos para no olvidar. Pasaron varios años desde nuestro último encuentro, que fue en mi casa de Paris, años en que no he dejado de seguir el curso de su obra, bebiéndome sus novelas traducidas al francés ( a falta de pan, casabe!) y heme aquí, frente a Padura, escuchando la presentación de La novela de mi vida. Tomo fotos, registro parte de la presentación y vuelvo a mi casa con una sarta de libros bajo el brazo pensando en Trotsky y Mercader, los dos personajes principales de su próxima novela: “El hombre que amaba a los perros”.
©cAc-2009
©cAc-2009
(*)Leonardo Padura Fuentes, La Habana, 1955. Periodista, novelista, autor prolífico, su obra ha sido traducida en numerosas lenguas, haciéndolo uno de los escritores cubanos de mayor prestigio. Escribió su primera novela corta comenzando la década del 80 (Fiebre de caballos), luego daría vida a Mario Conde en la tetralogía Cuatro estaciones [Pasado perfecto (1991), Vientos de cuaresma (1994), Máscaras (1997) y Paisaje de Otoño (1998)]. Autor de varios ensayos (Con la espada y con la pluma; Colón, Carpentier, la mano, el arpa y la sombra, Lo real maravilloso, creación y realidad, Alejo Carpentier y la narrativa de lo real maravilloso) entrevistas, reportajes y cuentos. Otras obras publicadas son Adiós Hemingway (2001), La cola de la serpiente (2001), La neblina del ayer (2002/2003) y La novela de mi vida (2005).

Cuento & Novela - Rebeca Murga (*)

Casi conozco a Rebeca en las márgenes del Sena, pero no fue posible. La conocí en las márgenes del Bélico poco antes de presentar sus dos libros en la sala Caturla de la Biblioteca Martí. Nos presentó Lorenzo Lunar que es su compañero en la vida y a quien conozco de “longue date” y no precisamente en el mundo de la creación literaria. Pude hacerme allí de sus dos libros vendidos en la XVIII FIL Santa Clara 2009, y para no estar al margen, ocupé un puesto en el público, que me permitiera protegerme de la enfermedad del beso y dos mil otras dolencias. Les dejo un vídeo de la presentación y las portadas de sus dos libros.

De La enfermedad del beso y otras dolencias (La rueda dentada) ha escrito Marilyn Bobes: “Más que cuentos en el sentido convencional de la palabra, los textos de Rebeca Murga aquí agrupados son intensas exploraciones de un mundo angustioso y jubilosamente femenino, atravesado desde el principio hasta el final por la sutileza de la poesía. En los relatos, el mundo exterior parece borrarse para abrir las compuertas de un universo inexplorado. Concisión, intensidad y constante vulneración de los tiempos dan a la lectura una agilidad difícil de alcanzar. Bienvenida, pues, a este reino donde todo es posible y donde enfermarse de besos puede resultar, si se hace como este libro está hecho, una experiencia trascendente”.








La Colección Ulán de la editorial Capiro publica Historias al margen, novela de la cual dice la escritora cubana radicada en París, Karla Suárez: “…es un relato que gira alrededor de la venganza, donde el poder, el sexo y la muerte funcionan como elementos claves del desarrollo de la historia. Con un lenguaje directo y sensual, el relato es una suerte de rompecabezas en el que cada pieza irá encontrando su lugar para formar el todo y revelarnos, finalmente, los rostros de vencedores y vencidos. Sin dudas, rebeca Murga sabe contar historias y sabe, sobre todo, trasmitirnos las sensaciones y miedos que padecen sus personajes. Cuídese el lector del apetito que le abrirá la lectura, esta historia viene con la más peligrosa de las trampas: la de la buena literatura”.





Fragmento de la presentación de dos de sus libros en la FIL Santa Clara 2009.

©cAc-2009
(*)Rebeca Murga Vicens, La Habana, 1973. Narradora y crítica literaria. Ha publicado tres libros de cuentos: Desnudo de mujer (Sed de Belleza, 1998), Quemar las naves (Educat, Brasil, 2002) y La enfermedad del beso (Ed. Capiro, 2006). También ha publicado sus novelas Historias al margen (Ed. Edad, España, 2005) y El esclavo y la palabra (Ed. San Librario, Colombia, 2008). Hace periodismo y colabora en revistas literarias.

El hilo del silencio - Alberto Anido (*)

También publicado por Capiro y en la Colección Ulán, es el libro del maestro Alberto Anido Pacheco, miembro de la saga de los Anido de Santa Clara. Pilongo singular, querido por sus amigos, el joven septuagenario concurre a la Feria del Libro con una novela sobre la ciudad del Bélico siempre anclada en su muelle de la calle Maceo. Por supuesto que no podía faltar a esa hora del mediodía para acompañar a Alberto Anido a desmadejar el hilo de esa ciudad que los dos amamos. De la novela ha escrito Pedro Llanes: “Un andamiaje urbanístico de más de medio siglo y la personificación y despersonificación del tiempo traen con la fuerza de su oblicuidad a los entes y actantes de Alberto Anido a través del “humo perfumado, azul, de la noche”. La sólida estructura casi cinematográfica de la novela concebida como música y también como algunos de sus cuadros resulta conmovedora. Jorge, Teresa, Carmen son –de acuerdo con la definición del autor- “gente hecha de tiempo”. El hilo del silencio redibuja una lejana ciudad de Santa Clara, el pasado y los recuerdos inmersos en esa temblorosa cronología salida de sus manos para llevarnos de un paraíso perdido a un paraíso recuperado”.

©cAc-2009
Alberto Anido en la Sala Caturla durante la XVIII FIL-Santa Clara 2009.

(*)Alberto Anido Pacheco, Santa Clara 1938. Pintor, escritor, pianista, compositor musical y crítico de cine. Fue fundador junto a Samuel Feijoo del grupo “Signos”. Es colaborador de los boletines del Cine-club Cubanacán y del periódico provincial Vanguardia, así como de su suplemento cultural “Huella”. Ha publicado “El güije” y “Marta Abreu” en la editorial Escambray, “La ausente” (Ed. Brunidor, Paris 1968) y “La casa en silencio” (Ed. Capiro, Colección Aldaba, 1995).

Cuentos personalmente absurdos - Luis Alberto Pérez

Quienes prefieran la literatura de lo absurdo encontrarán en el libro de Luis A. Pérez las herramientas necesarias para regocijarse y entrar en su mundo absurdo puesto a girar al revés en la palabra de la profesora y crítica Carmen Sotolongo Valiño, que tuvo a su cargo la presentación de Cuentos personalmente absurdos, publicado por la editorial Capiro en su Colección Ulán. He aquí cómo resume Carmen Sotolongo la ópera prima de Luis A. Pérez: “Cuentos personalmente absurdos constituye una honda reflexión sobre el vivir del hombre, a pesar de la localización puntual de los sucesos en la Cuba de hoy. No existe en estas piezas tremendismo ni realismo sucio ni mal gusto: el erotismo siempre es sugerente. Hay un decidido gusto por contar, variedad de recursos, asuntos y atmósferas. Se destaca la justa progresión narrativa, el diálogo fluido, la visualización de las escenas, los cierras excelentes. Un narrador seguro y personajes bien diseñados se desenvuelven en ámbitos disímiles, donde el absurdo –insertado en lo mejor de nuestra tradición- irrumpe en la vida cotidiana de manera trágica y culmina de forma picaresca”.
©cAc-2009
Carmen Sotolongo y Luis A. Pérez en la presentación del libro en la Sala Caturla.

El libro de otros – Jorge Luis Mederos-Betancourt (*)



Lo de Veleta fue seguramente cuando piermas brazos manos y ojos aspeaban en cada tertulia en cada peña en cada banco del parque donde dejó su huella de molino literario abarcador conversacional y siempre disponible Jorge Luis. Por más que quisimos Jorgeluisarlo nunca lo logramos, Mederos era demasiado serio y Veleta se impuso como poeta y narrador, decimista, imprevisible, controvertido y audaz.

(*) Jorge Luis Mederos, Santa Clara, 1963. Poeta y narrador, también incursiona en la plástica, donde se dedica a trabajar la cerámica esmaltada y policromada. Ha publicado La romanza del malo (1988), El tonto de la chaqueta negra (1993) y Otro nombre del mar (1993). Su artículo El aire del poeta no es siempre un aire triste (Huella, Vanguardia, 1989) le valió el premio Juan Francisco Sariol-1989. El libro de otros es su más reciente publicación, a cargo de la editorial Capiro en su Colección Faz, para la FIL-2009.
J.L. Mederos alias Veleta firmando el libro de su autoría como si fuera el de otros. ©cAc-2009

vendredi 27 février 2009

El vigoroso trazado – de Bertha Caluff (*)

Recién llegado a Santa Clara toqué en el 618 de la calle Alemán para saludar a nuestra amiga Bertha. En la penumbra de la calle sin alumbrado, el Dios es amor atornillado sobre el verde esperanza de la puerta me indicó que era allí donde debía tocar y no en otra casa. La calle Alemán es larga y de ese lado estamos a las puertas de Chambery, un barrio periurbano que se mezcla a otros barrios a uno y otro lado del Bélico. Menos cerca que antes pero el río sigue próximo a Bertha como si su humedad la acariciara. Febrero es invierno y aprovechamos para tomar un té caliente mientras nos ponemos al día del acontecer literario y la proximidad de la Feria del Libro. Aunque nos veremos en lo adelante, en la calle con la agitación cotidiana, en mi casa o en la suya, quedamos en que nos encontraremos durante la presentación de El vigoroso trazado. Y llegó esa tarde de jueves soleado. Tocaba el turno a la poetisa sensible que es Bertha Caluff y ocupé un puesto casi delante para darle vigor a su trazado de palabras en las que me acercó a la lavanda tierna que envuelve los campos alrededor de la Abadía de Sénanque. Me aproximó a mi segunda piel y viajé en el tiempo atravesando un camino bordeado de cipreses. La presentación gozó del vigor de Arnaldo Toledo, profesor de la facultad de Letras de la UCLV. Yo aproveché para traer constancia de la presentación a este espacio de remembranzas.
©cAc-2009
Izq: Arnaldo Toledo presentado a la escritora Bertha Caluff en la Sala Caturla de la Biblioteca Martí.
Der: Bertha Caluff firmando El vigoroso trazado .
©cAc-2009
(*)Bertha Caluff Pagés, Santa Clara, 1964. Filóloga, poeta, promotora del boletín Brotes, y de la tertulia de poesía Dulce María Loynaz en la sede santaclareña de la Uneac. Ha publicado Bibliografía de las Ediciones Vigía (1987), Ellos pisan el césped (1988), Casa de Sabra (1989), Cumpleaños del pato (1990), De las ramificaciones de Brotes (1991)[Crítica literaria], Tiranía del mito (1994), Imagen tras la imagen (2000), La non erótica: antología [Carilda Oliver](2003) y En las playas de todos los mundos (2007). Su más reciente libro de poemas es el que acaba de presentar la editorial Capiro en la XVIII FIL en su sede de Santa Clara [El vigoroso trazado – Colección Faz, 2008].

jeudi 15 janvier 2009

Cuba, mémoires d’un naufrage – Jacobo Machover

La memoria no ha naufragado. Su bote hizo agua pero recaló en una orilla del Sena, del Hudson o del Guadalquivir. La memoria ha caminado, nadado y hasta se ha puesto alas para convertirse en paloma mensajera. Rebeca escapó de un pueblo perdido de Zulia y caminando fue a dar al canal de Panamá. Saludó a los barcos mientras esperaban el paso por las esclusas y cruzó el itsmo y siguió recogiendo flores y cantos de pájaros para no perder la memoria. Se hizo náufraga impertinente sin utilizar el olvido cuando sus pies tocaron el final. Ignacio regresó a la costa, solo, tiritando, después de haber nadado él mismo no sabe cuanto guiado por una estrella y la memoria. Volvió al mar. Arrastró su barca inventada con maderas viejas, acompañado de un refrán que otras memorias no han dejado morir. Pero los vientos y la corriente del estrecho son más fuertes que los refranes y tuvo que volver con aquello que quedaba de la barca y el refrán guardado en la memoria. Cambió de refrán la tercera vez y decidió poner sus pies mojados en una playa casi desierta al alba, huérfano de amigos y de hermanos. Su memoria cobró vida. La suerte puede ayudar a tender un puente a la memoria, ponerle alas y volar, volar hasta otras tierras donde el olvido se vista de anécdotas y cuente las historias con la palabra de aquellos que no la dejaron naufragar. Eso sentimos en el auditorium de la maison de l’Amérique latine escuchando al autor de “Cuba, mémoires d’un naufrage”, a su presentadora, la escritora Zoé Valdés, a la pintora Gina Pellón, a Miguel Sales, a Henry Pérez-Granda o a Armando Valdés, todos fugitivos-testigos de la memoria que no puede naufragar. En la mesa estuvo su editor, de la casa Buchet-Chastel y en la sala, un público que siguió con atención las anécdotas contadas por quienes la han vivido.
©cAc-2009
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De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Jacobo Machover, Zoé Valdés, Gina Pellón, Miguel Sales, Henri Pérez-Granda, Armando Valdés y su editor de Buchet-Chastel.
Tanda de dedicatoria al final de la presentación (©cAc-2009).