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lundi 18 mai 2009

En(+)cijada, 1850


© 2007 cAc
La fundación oficial data de 1850, pero las primeras familias que se asentaron en un cruce de dos caminos reales, al que llamaban Cuatro Caminos, lo hicieron mucho antes. Época de andar caminos e instalarse donde la tierra fuera fértil, y allí, la llanura, verdísima, se mostró pródiga. Las familias del caserío inicial procedían de sitios no lejos de aquella encrucijada de caminos. Los ya asentados no pusieron reparos a la llegada de otros, y acogieron en su seno a sagüeros, remedianos, y también a pescadores del Estero de Granadillo y de la playa de San Juan.

La costa norte no dista del pueblo, cuyos habitantes se instalan durante el verano en la playa de Juan Francisco. Pocas son las atracciones de este pueblo de poco más de 30 000 almas perdido en medio de cañaverales, que vive de la agricultura y que durante muchos años la única fuente de empleo fue aquella que le proporcionaba el central Constancia (rebautizado Abel Santamaría después de 1959). A principios del siglo pasado (1916), un notable del pueblo, el doctor Joaquín Norniela, construyó un edificio para la Sociedad del Liceo de Encrucijada. En 1972, el inmueble pasó a ser la Biblioteca Municipal Rafael María de Mendive. Encrucijada es tierra natal de una figura de relevancia nacional en la defensa de los trabajadores azucareros, allá por los años 40, Jesús Menéndez. Y cuna también de hombres de letras como Carlos Loveira, Onelio Jorge Cardoso y Chanito Isidrón.
© 2007 cAc
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Pero da grima el pueblo, triste y ruinoso, menos triste en fiestas de carnaval, pero ellas pasan, y el pueblo sigue siendo un punto en el mapa al que no se llega si no es por necesidad. El pueblo va perdiendo el encanto de sus viejas casas, maquilladas, y vueltas a maquillar, pero sin un verdadero despliegue de acciones que salvaguarden el patrimonio urbano de este cruce de caminos que supo erigirse en villa justo a la mitad del siglo XIX.

© 2007 cAc

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mercredi 13 mai 2009

Quemado de Güines, nacido en el siglo XVII

No es justo seguir dando vueltas dentro de la ciudad del Bélico sin dar vueltas alrededor de ella y escudriñar su territorio. Remedios tiene para mi una ascendencia especial con respecto a Santa Clara, y quiero guardarle un lugar especial en este blog, y será más adelante. Voy a presentar otros pueblos de la provincia, dormidos, pero que por su historia, están marcados con el sello villareño. Uno de ellos, no distante de la costa norte, se vanagloria de ser unos de los más viejos pueblos de la isla : Quemado de Güines. Las actas consignan su fundación en 1667, ciento cincuenta y cinco años después de haber sido fundada Nuestra Señora de la Asunción, que es Baracoa, y veintidos años antes que Gloriosa Santa Clara. No se tiene noticias de incursiones piratas en que Quemado haya sido el blanco, era menos villa que Remedios, distaba más del litoral, y éste, además de bajo, se guarecía de infinidad de cayos cual muralla costera.

El caserío primitivo se asentó en una güinera que se situaba al sur de la serranía llamada de Jumagua. Los primeros que se instalaron quemaban las maderas de los bosques para producir carbón y de ahí que la güinera fuera nombrada poco a poco como Quemado de Güines, sin jamás haber tenido fuerza de Cabildo. No será hasta 1879 que Quemado tenga su propio ayuntamiento, del que Miguel Más y Rocamora fuera su primer alcalde, y que el territorio adyacente delimite sus cuartones y sitios. La municipalidad, con cabecera en Quemado, se compone de siete barrios, el propio poblado de Quemado, Caguaguas, Güines, San Valentín, Zambumbia, Paso Cavado y Carahatas, que es un modesto balneario en la bahía del mismo nombre. Quemado de Güines celebra el día del Quemadense cada 26 de diciembre desde 1949, que también es la fiesta del Quemadense ausente. Del pueblo tengo un vago recuerdo. Un amigo me pidió acompañarlo para que conociera a sus abuelos. Una visita de un día para otro. Corría la primavera de 1996 y poco le quedaba a mi estancia en la isla. Me dije, por qué no ? Y galeramos desde Santa Clara a Quemado, pasando un buen rato en Sagua la Grande en espera de un transporte. Por aquella época el San Isidro empinaba su chimenea, y además de cañaverales, extensos platanales dejaban ver el más conocido de sus plátanos, aquel que le llaman de Lutgardita.

En el parque, triste y dormido a mitad de semana, tronaba el « Guajirigallo », obra del escultor Rodríguez Lasseria, y a un costado la iglesia, que fue el único edificio que me hizo remontar en el tiempo, laserada por fríos, soles, lluvia y humedad. A principios de este año, a una casa del pueblo le fue otorgado el premio de Conservación y Restauración del Patrimonio 2009 (Premio de Conservación & Restauración de Monumentos Santa Clara 2009). Me invade la curiosidad de verla, y me digo, en el próximo viaje a Cuba, tengo que volver a Quemado.