
El camino más corto para llegar a la Place des Victoires era saliendo por la boca del metro en la Place Colette y atravesar los jardines del Palais-Royal. No eran todavía las ocho de la mañana y los obreros que laboran en la restauración de las columnas de Buren aún no hacían ruidos con sus equipos de trabajo. Al desembocar en la Galería Orléans sentí un casi imperceptible aullido y en lugar de seguir por la Galería de Montpensier, salí directamente a los jardines, aún desiertos, franqueados por los árboles desnudos soportando la bruma tempranera que envuelve Paris. Del lado de la Galería de Valois, un silencio cubría el pasillo acolumnado y salvo otras dos personas que apresuraban el paso por la calzada plantada de tilos y robles, nadie atravesaba esa ala del jardín. Vi a lo lejos, en dirección a la fuente, bultos grises que atravesaban la calzada.

©cAc-2009Tres, seis, nueve, doce... y otro! Una manada de trece lobos, hambrientos quizás, digamos sedientos, se dirigían a la fuente que no cesaba de lanzar sus chorros en forma de abanico. Pero nada había que temer, ni hambrientos ni sedientos los trece lobos en cemento no son otros que la creación del suizo Olivier Estoppey, y que sirvieron de decoración en el filme “Le crime est notre affaire” de Pascal Thomas. Lejos de asustarme, saqué la cámara fotográfica y fueron estas magníficas esculturas las que me revelaron su miedo ancestral al hombre, les hice un guiño, me sintieron inofensivo y se detuvieron para una tanda de fotos. El mito de la ferocidad de estos animales lo escondí en imágenes y las presento en este post para que no se pierdan la muestra si no tienen la oportunidad de atravesar entre bestias el jardín del Palais-Royal.


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