samedi 17 janvier 2009

Les loups d’Estoppey

El camino más corto para llegar a la Place des Victoires era saliendo por la boca del metro en la Place Colette y atravesar los jardines del Palais-Royal. No eran todavía las ocho de la mañana y los obreros que laboran en la restauración de las columnas de Buren aún no hacían ruidos con sus equipos de trabajo. Al desembocar en la Galería Orléans sentí un casi imperceptible aullido y en lugar de seguir por la Galería de Montpensier, salí directamente a los jardines, aún desiertos, franqueados por los árboles desnudos soportando la bruma tempranera que envuelve Paris. Del lado de la Galería de Valois, un silencio cubría el pasillo acolumnado y salvo otras dos personas que apresuraban el paso por la calzada plantada de tilos y robles, nadie atravesaba esa ala del jardín. Vi a lo lejos, en dirección a la fuente, bultos grises que atravesaban la calzada.
©cAc-2009
Tres, seis, nueve, doce... y otro! Una manada de trece lobos, hambrientos quizás, digamos sedientos, se dirigían a la fuente que no cesaba de lanzar sus chorros en forma de abanico. Pero nada había que temer, ni hambrientos ni sedientos los trece lobos en cemento no son otros que la creación del suizo Olivier Estoppey, y que sirvieron de decoración en el filme “Le crime est notre affaire” de Pascal Thomas. Lejos de asustarme, saqué la cámara fotográfica y fueron estas magníficas esculturas las que me revelaron su miedo ancestral al hombre, les hice un guiño, me sintieron inofensivo y se detuvieron para una tanda de fotos. El mito de la ferocidad de estos animales lo escondí en imágenes y las presento en este post para que no se pierdan la muestra si no tienen la oportunidad de atravesar entre bestias el jardín del Palais-Royal.

©cAc-2009
©cAc-2009

jeudi 15 janvier 2009

Cuba, mémoires d’un naufrage – Jacobo Machover

La memoria no ha naufragado. Su bote hizo agua pero recaló en una orilla del Sena, del Hudson o del Guadalquivir. La memoria ha caminado, nadado y hasta se ha puesto alas para convertirse en paloma mensajera. Rebeca escapó de un pueblo perdido de Zulia y caminando fue a dar al canal de Panamá. Saludó a los barcos mientras esperaban el paso por las esclusas y cruzó el itsmo y siguió recogiendo flores y cantos de pájaros para no perder la memoria. Se hizo náufraga impertinente sin utilizar el olvido cuando sus pies tocaron el final. Ignacio regresó a la costa, solo, tiritando, después de haber nadado él mismo no sabe cuanto guiado por una estrella y la memoria. Volvió al mar. Arrastró su barca inventada con maderas viejas, acompañado de un refrán que otras memorias no han dejado morir. Pero los vientos y la corriente del estrecho son más fuertes que los refranes y tuvo que volver con aquello que quedaba de la barca y el refrán guardado en la memoria. Cambió de refrán la tercera vez y decidió poner sus pies mojados en una playa casi desierta al alba, huérfano de amigos y de hermanos. Su memoria cobró vida. La suerte puede ayudar a tender un puente a la memoria, ponerle alas y volar, volar hasta otras tierras donde el olvido se vista de anécdotas y cuente las historias con la palabra de aquellos que no la dejaron naufragar. Eso sentimos en el auditorium de la maison de l’Amérique latine escuchando al autor de “Cuba, mémoires d’un naufrage”, a su presentadora, la escritora Zoé Valdés, a la pintora Gina Pellón, a Miguel Sales, a Henry Pérez-Granda o a Armando Valdés, todos fugitivos-testigos de la memoria que no puede naufragar. En la mesa estuvo su editor, de la casa Buchet-Chastel y en la sala, un público que siguió con atención las anécdotas contadas por quienes la han vivido.
©cAc-2009
©cAc-2009
©cAc-2009
©cAc-2009
De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Jacobo Machover, Zoé Valdés, Gina Pellón, Miguel Sales, Henri Pérez-Granda, Armando Valdés y su editor de Buchet-Chastel.
Tanda de dedicatoria al final de la presentación (©cAc-2009).

mardi 13 janvier 2009

La douceur va de soie signée Bb.


©Bb.2008-Collection
Sin necesidad de estar firmadas, las estolas, bufandas, y los pañuelos de seda o de pura lana creados por Brigitte Bertoux se reconocen fácilmente. Brigitte es diestra para lograr trazos llenos de dinamismo donde la profusión de colores nos recuerda el inigualable papel pintado ukiyo-e de Japón. Y precisamente, a Japón fueron los pañuelos de Brigitte, firmados Laroche o Cacharel, dos grandes casas de moda para las que ella trabajó.
La seda entre las manos de Brigitte, realza su nobleza y se impregna de la vitalidad de esta aviñonesa de adopción. La creatividad de la diseñadora es como la luz del cielo provenzal, no se priva de novedades sin que falte en sus colecciones aquellos trabajos que se han convertido en clásicos y que una clientela exclusiva porta allende los mares, o en Avignon, donde la artista tiene su atelier casi al lado de la impresionante muralla, y que pueden encontrarse en la boutique Kalate-objets textiles, de la place St-Didier, pero también el viento los hace ondear en las calles de Paris, donde recientemente Brigitte expuso su colección en la galería Jungle Factory casi pegada a Bastilla.
Miren aquí una muestra de los pañuelos, fotografiados al azar, sólo con la intención de darle color a esta etiqueta, esperando que la nueva colección saque billete para ondear en la próxima primavera de Paris. La colección 2008 (©Bb.2008-Collection) la tienen al alcance en Picasa y este es el link:
http://picasaweb.google.fr/carcasoliva/Bblesfoulards


©Bb.2008-Collection

Passerelles - Eyda Machin

Primero fue « Soy mucho más » en 2005. Apenas han pasado tres meses desde la presentación de “En la voz del silencio » y vuelve Eyda Machín al auditorium de la Maison de l’Amérique latine, escoltada por William Navarrete y Christian Roy-Camille para presentar su primera novela “Passerelle” con sello de Aduana Vieja.
Llegué con retraso. La sala estaba casi completamente llena, pero tuve la suerte de encontrar una butaca delante sin tener que atravesarla para llegar al fondo. Digo que, la sala estaba llena, si, pero el público me era casi desconocido. Me conté entre los cinco o seis cubanos que asistimos a esta reunión literaria. Y aproveché la ocasión (otra vez!) para preguntarme, qué será de la comunidad cubana que vive en Paris, y que no se le ve en estas reuniones que ayudan a mantener (aunque estemos integrados y orgullosos de reapropriarnos la que nos ofreció la tierra de Marianne!) la identidad isleña estemos donde estemos. Habría que escribir y escribir, criticar, debatir, argumentar y hasta herir sin intención de hacerlo, para lograr una respuesta a la pregunta que otros como yo también se hacen. Traté de atrapar mi retraso, escuchar la lectura de Eyda que llegaba a su término, y atravesar la pasarela que tendió la autora, para llegar a la respuesta escondida entre sus líneas. Una historia de gemidos lacerantes, de sufrimiento y añoranzas. Una pasarela del exilio al exilio.

lundi 12 janvier 2009

Kurosawa


Cuando el tiempo apremia, no hay otra cosa a hacer que correr. Moraleja: no dejes para el final una expo a riesgo de perdértela. Suerte de tener el Petit Palais al cantío de un gallo y ni tan siquiera, la necesidad de cambiar de línea de metro. Allá fui, al encuentro de los dibujos de Akira Kurosawa del que he visto buena parte de su obra cinematógrafica, no porque Kurosawa sea uno de los más eminentes cineastas de la segunda mitad del siglo XX, sino porque bien valen la pena disfrutarlos englutidos en una butaca de sala oscura. La admiración del cineasta por la cultura occidental, lector de grandes como Tolstoï o Shakespeare, apasionado de Chagall y Van Gogh, influye en su obra como diseñador, dándoles una fuerza expresionista y una visión japonesista de su propia personalidad y cultura. Quise atrapar los dibujos en el lente, obra dificil en los pasillos del PP.

©Kurosawa Production Inc. - Hori Pro Inc

La solitude du sapin après les fêtes (Paris)



Se hace tan evidente el abandono, que no pude escapar a la idea de escribir tres o cuatro líneas. Hacen la delicia de grandes y pequeños. Esperan pacientes el momento del corte. Fueron plantados para crecer hasta que la talla fuera la adecuada. Crecieron. Pero llegó el día de la tala. Luego el empacado, una especie de malla que les permitiera respirar, después la espera para ser llevados a los floristas, a los supermercados y a otros comercios. Unos se quedan en las regiones donde fueron plantados, otros hacen largos recorridos, y hasta llegan al sur y a veces hacen travesías marítimas. Llegan fatigados. Sedientos. Y llega la otra espera. La de ser comprados. Unos caros y otros menos caros. Pero nunca baratos. Los niños gritando. El padre atajando. La abuela sacando las guirnaldas del año pasado. Bolas y colores, cúpula, falsa nieve, medias escandinavas con tarjetas y regalos bien envueltos en la base, quizás también un nacimiento y llega el 24. Las luces se encienden y los niños cantan. Al amanecer del 25, ya hay algún que otro pino, tiritando, en medio de la acera o entre dos automóviles, esperando que pase el camión de la basura.
Y cada día que pasa, otros correrán la misma suerte. Desnudos, esperando. O envueltos en bolsas doradas. A veces una bola queda olvidada entre las ramas. Corren los días. Pasa el 31. Amanecen montones de pinos, abandonados en las aceras. Y cada día, otros y otros pinos. Ya empieza la tercera semana del año. Y aunque alguien espere junio para tirar el suyo, un mar de pinos irán siendo abandonados esta semana..., triste final el de secarse y perder las agujas en una acera de Paris!