jeudi 28 mai 2009

ND de Grâce en Rochefort du Gard

Cuando mi sobrino David y yo decidimos regresar a Roquemaure, en lugar de volver por Sauveterre, tomamos una ruta que saliendo de Pujaut hacia el oeste, conduce a Rochefort du Gard. El pueblo, con sus edificios erguidos en la colina, nos parecía un poco difícil de acceder. Entretenido con el paisaje de viñedos extendidos en la llanura, dejamos la ruta principal y doblamos a la derecha por un camino en cuesta que lleva al santuario de Notre Dame de Grâce.
Mientras se sube, uno va descubriendo los edículos del monumental camino de cruces, edificados en el siglo XIX en un flanco de la Sainte-Montagne.
©2009-cAc
El Santuario data de la época de Carlomagno, hacia el 798. En el siglo XII, un pastor encuentra una estatua en el fondo de un farallón y a partir de entonces comienza la llegada de peregrinos, ávidos de curas milagrosas, que imbuidos en la oración, imploraban socorro o agradecían por una gracia otorgada. En 1637 los monjes benedictinos construyeron el monasterio y un año más tarde fueron testigos de cómo el fuego se detuvo en Rochefort sin dañar el santuario. La Revolución cerró el santuario en 1789, y diez y ocho años después, el lugar es adquirido por el Obispado de Nîmes. A mitad del siglo XIX los Padres Maristas se instalan y en 1869 tiene lugar el coronamiento de N.D. de Grâce.
©2009-cAc
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Camino de cruces con sus catorce estaciones y un Calvario monumental, el santuario bañado con lo poco que quedaba de sol esa tarde, la penumbra y el silencio de la capilla diseminado entre los muros dejando entrar la claridad por los vitrales, una religiosa entra y se postra ante la virgen, salimos sin hacer el menor ruido y en un recodo no pudimos evitar la majestuosidad del Mont Ventoux desde la Sainte-Montagne.
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Puy haut, Pujaut


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Pujaut es pueblo dormido en una ligera colina de 110 metros de altura en el que viven cuatro mil almas. Hacía doce años que no ponía los pies en el pueblito, al que no se llega si necesidad no tienes. En sus alrededores, entre garriga y viñedos, había un excelente restaurant campestre, el Saint-Bruno, que ahora tiene otro nombre. Allí nos reunimos para la fiesta después de habernos casado en el ayuntamiento de Avignon, años ha! St Bruno, junto a St Hugues y St Anthelme, es una de las tres granjas de la orden de los Cartujos situadas en los predios del pueblo.
Oficialmente nombrado Pujaut desde 1790, ha portado trece nombres desde 1175, siempre manteniendo un lazo con su raíz latina: Castrum Podii Alti, Beata María de Monte Alto, Podium Altum (dos veces, en 1226 y en 1384), Mons Altus, Podio Alto, Pujault (dos veces también, en 1551 y en 1737), Le Prieuré de Pujaud, La Commune de Pujault, Pijaud, y bautizado Peujaut durante la Revolución. C’est fou, mais c’est “Puy haut”!

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Por la cercanía de Avignon, vive a ritmo vauclusiano, pero eso no le ha hecho perder su encanto languedociano. Su cultura es totalmente provenzal. El mistral se sentía menos fuerte en sus soleadas calles, desde cuyas “alturas” puede verse el Mont Ventoux, por el cual tengo una preferencia sin par. Para los aviadores como el pilongo Vidal Gómez, Pujaut posee un renombrado aeródromo para el paracaidismo, siendo la base más grande de Francia y una de las más grandes de Europa (hay que ir preparando las maletas para venir a Pujaut!). Entretanto, dense una vuelta entre las fotos, sin leyenda, pero en las que descubrirán su lavadero, la iglesia construida en la época en que los monjes de la Cartuja secaban las tierras cenagosas no distantes del Ródano y las callejuelas con sus pintorescas fachadas.
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mercredi 27 mai 2009

Mistral

A los ciclones se les nombra y hacemos de ellos personajes de talla humana, aunque sus ráfagas nos lleven de la mano y corriendo. Al mistral, no se le coge nada, su nombre es siempre el mismo, se le huye, y para olvidarnos nos encerramos en las casas, las puertas, ventanas y contraventanas cerradas para ni tan siquiera escuchar el fatigoso ronroneo. Mi bisabuelo catalán siempre hacía mención del mestral como una furia que no dejaba avanzar a los caballos y que hacía volar los sombreros y perderse en torbellino. Instalándome en la Provenza aprendí a decir mistral en occitano, que es la lengua de oc, y como lo conocen en el valle del Ródano. Mi primer mistral me empujó en una calle de Avignon de forma tan agresiva que cogí miedo. Iba helado en pleno verano y cuando llegué a casa noté que había perdido una lentilla de contacto. El mistral es un viento catabático, consecuencia del aire frío sobre las montañas del Macizo Central francés y de los Pirineos. Sopla hacia el sur, hacia el valle de la Garonne, y hacia el valle del Ródano, lo que crea una especie de túnel que hace acelerar el viento. Las ráfagas despejan el cielo y no dejan una nube a su paso, el cielo se torna de un azul puro y límpido. El mistral, como diría mi madre, no deja títere con cabeza, y en lo que concierne a la jardinería, no tiene piedad. Cuando vengo al sur, intento ser el más aplicado de los jardineros, y eso hice durante dos días, rastrillar, barrer, quemar, sembrar, resembrar, regar y disfrutar de la tranquilidad debajo de los enormes platanes, los castaños de indias y los nísperos. Sin contar que al día siguiente el “mestral” odiado por mi abuelo soplaría. He salido al patio para ver los destrozos, las hojas dando vueltas en remolinos, los jazmines sin flores como la madreselva y los rosales. Les regalo un poco de mistral esperando que cese entre esta noche y mañana.

Mistral à Roquemaure

mardi 26 mai 2009

La fête des voisins 2009

Desde que vivimos en nuestro apartamento de Truffaut, una sola vez he compartido con mis vecinos y fue a la ocasión del lanzamiento de la primera “Fête des voisins”. En el 90’, justamente en el 17ème, un grupo de amigos con Atanase Périfan a la cabeza, crearon la asociación “Paris d’amis” con el noble objetivo de crear lazos de proximidad y luchar contra el aislamiento. Nueve años más tarde, la asociación lanza la primera fiesta. De esa fuimos testigos, casi todos los vecinos alrededor de una mesa improvisada en el patio, picando y tomando lo que cada cual encontró en su cocina y en su cava. Vinos, rones y licores nos mantuvieron reunidos hasta bien entrada la madrugada. Y hasta alguien propuso una visita dirigida de cada apartamento. Aquello mostraba una convivialidad y el deseo de conocerse, de asegurarse que nadie molestaba a nadie en la cotidianeidad, cuando poníamos la música a fondo o cuando recibíamos visitas!
La “fête des voisins” está concebida para que pase durante una estación agradable, la primavera lo es, aunque no siempre el clima de Paris es propicio, y mayo se dinamiza para que los vecinos se encuentren. No todos, lógicamente. En mayo es raro que nosotros estemos en Paris. Una segunda vez hubo fiesta y yo estaba ausente, y creo que han sido sólo esas dos ocasiones en que los vecinos del 59 se han reunido. Ésta vez, por un tilín casi me dispongo a movilizar a los vecinos susceptibles de estimar el encuentro, pero mi billete al sur ya estaba dispuesto un mes antes! Sin embargo, no quise que pasara por alto y pegué sendos afiches en la entrada del inmueble, y en cada buzón dejé caer un prospecto relativo a la fiesta.
Tengo vecinos miserables y también simpáticos, y ayer recibí un correo de uno de ellos de que lo tuviera al corriente para preparar la fiesta de esta tarde-noche! Lástima que no esté París para intentar unir lazos entre vecinos aunque sólo sea por un par de horas. Los lazos se desatan la mañana siguiente cuando los mismos vecinos se evitan en la escalera, y está comprobado porque hasta yo lo hago, cuando una cerradura se abre, en el piso de abajo o en el de arriba, el silencio se disemina, el vecino más osado abre la puerta y desciende las escaleras, el otro espera a que el primero haya desaparecido, entonces abre su puerta y se va…
“Fête des voisins” para qué? Para imaginar que somos vecinos? Pura hipocresía, sobre todo si los ve arrancarse las tiras del pellejo en las reuniones de copropietarios cuando usted propone trabajos de mejoramiento, de buena vecindad, y ni qué decir si la renovación del appart hace valorizarlo y aumentar la plusvalía!
Esta fiesta me hace pensar a los 28 de septiembre en la isla, con el discurso del presidente del comité, los ojos supervisores de la encargada de Vigilancia, los aplausos vacíos, las medallas ingratas, los besitos hipócritas, el ajiaco caliente en la marmita, del que se hartan los que menos viandas aportaron, el ron adulterado por el encargado de buscarlo, la cerveza a granel que da dolor de cabeza, el pedazo de kake para el abuelo que no puede asistir, el calor, la música irremediablemente escandalosa, los vecinos peleados, el himno, la bandera…, felizmente en la fiesta de aquí a nadie se le ocurre entonar la marsellesa!

samedi 23 mai 2009

Saint-Géniès de Comolas

Rodeado de viñedos, colinas rocosas y garriga, el pueblito vive inmerso en la cultura de la vid. Sus tierras, que bordean las costas del Ródano, producen excelentes vinos desde hace cuatro siglos y sus habitantes siguen hoy cultivando diversas cepas de uvas de las que logran vinos de una calidad sin par. La comarca hace parte de la denominación Lirac. Saint Géniès, que da nombre al pueblo, fue decapitado y convertido en mártir en el siglo IV, cuando se opuso a la transcripción del edicto a través del cual el emperador Diocletin ordenaba la persecución de los cristianos. Las colinas que envuelven el paisaje en derredor, honoran el Comolas agregado a St-Géniès. Comolas proviene del latín Cumulus, y no por otra cosa que por los cúmulos rocosos del paisaje. En la época de la Revolución el pueblo fue rebautizado Montagne Comolas, pero no tardó en diluirse en el olvido. El castillo, hoy desaparecido, y la iglesia, pertenecieron al Episcopado de Avignon en la lejana época en que St-Géniès estaba dentro del enclave de la Provenza, donación hecha por Louis “el ciego”, rey y emperador de Italia al obispo Fulcherius, allá por el 911.
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Terminada la “balade” en los predios de la comarca, nada más razonable que detenerse unos minutos entre las viejas piedras del pueblo, con su ayuntamiento modesto, su iglesia, único vestigio de antaño, porque castillo y murallas desaparecieron en época lejana y a manera de protección, la vista de la “Madonna” desde cualquier bocacalle del pueblito.



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Balade Gourmande des Jaugeurs (aperitivo salpicado de blancos)

Mi primera « balade » campestre acompañando a los calibradores de Lirac es la cuarta manifestación de este tipo a través de los viñedos de la denominación. El recorrido entre las viñas, a ritmo de blancos rosados y rojos provenientes de los cuatro pueblos que forman la denominación, ha sido diseñado para apreciar las tierras y plantaciones al interior de la comuna de Saint-Géniès de Comolas. Inscripción, pago y recogida de la documentación a campo traviesa con un sol “gardois” cayendo de punta sobre nuestras cabezas listas para portar el sombrero de la “balade”. Al cuello, una copa con la inscripción de la cofradía. En el bolsillo un carné con el programa de la degustación y los tickets correspondientes a cada pausa.
Hacemos parte del cuarto y último grupo de catadores y golosos, y salimos en busca de los colores de Lirac a la una menos cuarto. He aquí nuestro “petit comité”, formado por primos de los cuatro puntos cardinales del hexágono:

Rose-Marie, Patrice, Sophie, cAc, Claude, Liza, José & Marie-Clémence
Y la primera cepa de uvas que nos tropezamos es la denominada Carignan, que también es la más extendida en la fabricación de vino francés con más de 150 000 hectáreas cultivadas de la misma. Una hermosa hoja, grande, dentada en sus bordes. La planta, con ramas vigorosas, de un verde claro con ligeras estrías longitudinales parduzcas. Cuando llega el otoño, el follaje enrojece, sobre todo en los bordes dentados de las hojas.
La “balade” comienza con unas delicadezas compatibles con una degustación de vinos blancos que nos estimularán para terminar con éxito el paseo vitícola.

Balade Gourmande des Jaugeurs (flor de calabaza con toque rosado)


Después de los blancos y las delicadezas del aperitivo, continuamos la “balade” a los pies de una loma que se cree montaña también nombrada Saint-Géniès como la comarca. Tierras arenosas, macizo rocoso e innumerables plantas crecen a los bordes de los viñedos y entre la garriga “gardoise”.




La pausa es para escuchar acerca de la principal variedad del valle del Ródano, la cepa de origen español llamada Grenache noir, extendida en todas las denominaciones del mediodía mediterráneo. La hoja de esta cepa es mediana, cuneiforme, de un verde claro pero muy brillante.









No habíamos dado tres pasos en el camino y volvimos a hacer un alto en honor a Cinsaut, la vid de un verde claro, de hoja profundamente lobulada y senos laterales de fondos pronunciados.




Y llegó el momento de la entrada en un claro del recorrido.
En las mesas nos esperaba una exquisita flor de calabaza rellena, cocida al vapor, guarnecida de ensalada verde y rociada de jugo de albahaca. Y qué mejor para cogerle el gusto que saborear un lirac rosado bien fresco?