dimanche 1 juillet 2007

Espacio para pensar en gris - Ed. Delatante

El cuaderno de poesía « Espacio para pensar en gris » recoge una selección de poemas escritos entre 1983 y 1998. Todos los derechos están reservados © y queda prohibida toda copia y divulgación sin previo acuerdo con el autor.

POESIA






ESPACIO


PARA


PENSAR


EN  GRIS






Carlos Alberto Casanova








                                                                      al  Sol  cuando  se  levanta 

                                                                      detrás  de  tus  párpados




La guerra es un ángel si al final reparte pan a todos        


La guerra ha quedado encinta  por última vez

                                     sentada

en el comienzo gris de una batalla

frente al hito que marca

lo fiero de su muda estructura.


Un suspiro vestido de hombre

se ha quitado la chaqueta

                       el bastón lo ha tirado

y con las manos de sombrero

se ha puesto a llorar sin temor

en lo oscuro del café servido en una tina.


Una mujer

en el estropeado corretear de las danzas

                  vuelve la cabeza a medias

jugándose un dolor de semillas viejas,

                   sube en cada paso y canta dormida

                            sobre un tablero de ajedrez,    quizás

                            sobre una cuadra de caballos ángeles,

                   mide la abundancia con colores enfermos

recoge una línea que demarca la ansiedad

            y rompe una nota de su garganta

capaz de matar los brincos nacidos en marzo.


Los niños calzan un número gigante

               y duermen acostados en el zapato,

su único pie ligero

                     le sostiene los dolores en una pena

                  arman el bullicio atravesado por lanzas

               y lamen su pie

su único pie ligero.


El hombre vino a morder su siesta

cuando la mujer daba el pecho a las golondrinas,

los niños no despiertan en el aire

porque danzan con alas felices.


La guerra pare conflictos y quejidos

                 es una madre vergonzosa

                 se moja en cada aguacero de sueños

              y tiñe de rojo cada sabor a muerte.



                                                                      Santa Clara, 1983




Exámen de circo


                             a mis alumnos del curso 1983-84



Afuera el sol trata de engañar

            el viento hace torbellinos

                           juega a girar los árboles


las hojas caen

                        quemadas de sol

                         tapizadas de grafito,


ruido como todas las tardes

a la izquierda del miedo

murmuraciones

una voz que metaliza el espacio


silencio esparcido por el aire

gente joven callada

escribanos del tiempo numerado


fino pantalón el domador

pupilas miopes

presa y domador

gente joven impaciente

guiño a la derecha

clave de cinco para la cuatro

respuestas y borrones

faltando doce minutos

a un descuido se lamen las intenciones


el sol se burló de todos

el cielo se echó sobre los hombros

un puñado de razones húmedas


salen de su jaula las fieras

          enojadas

          orgullosas de su osadía

                             las más atrevidas

salen

         mirando el curso del viento

         que aún tiene polvo que levantar.



                                                   Santa Clara, 1984



El de la vida regalada




Todas las mañanas antes de morir

se acordaba que podía esperar un día más,


hacía como el resto del mundo

          como lo manda el sentido de amar,


primero husmeaba por el fondo

              prestaba sus ojos al vecino

              y la pierna del golpe también prestaba


luego quedaba pensativo

y decidía regalar  sus olfatos

al de la risa burlona daba la suya

sus uñas para aquel

  su pelo para tal.



Se quedó en la imaginación de muchos

sentado en el barranco saludando.



Una tarde cuajada de pájaros

esperó todo el tiempo sentado

y la noche lo sorprendió allí .


Nadie pasó a devolverle la vida

y ahora se escucha al silencio preguntar

si ha muerto el prestamista

                     el de la vida regalada.



Aquel que decida anunciar su muerte

lo haga una mañana antes de morir.



                                                Santa Clara, 1984        




Preguntas de estos tiempos



                                            a los que callan serenos





Qué puede suceder en cada músculo de la guitarra

        si ladran sus cuerdas una melodía cansada

        y se detienen todos los signos de la luz

        cuando comienza a nacer un gato arqueado.


Quién partirá el silencio en dos

           y tomará la parte salada del universo

           para hacer del calor un negocio blando

           cuando el silencio esté ya muerto.


Cómo volverán a sus nidos

           todos los hombres abandonados en un cenicero

           si esperan confundir el aliento con las nubes

           cuando no recuerden el último camino andado.


Qué pasará cuando volvamos la espalda a nuestros ojos

        y alguien tema encontrar vacío su espacio.   



                                                                  Santa Clara, 1985






Sueño





Si es un sueño

mi ángel vestido de azahares


me rindo en la paciencia de tu sombra

                para despertar atado a la luz


me rindo en la fuerza del sol

                para caminar en puntillas sobre la mar,


si es un sueño


no quiero perder la fiesta de magos

ver enloquecer palomas en tus ojos

y demostrar que eres mariposa feliz,


en el aletear nocturno ries

la complicidad de la luna

                          resiste tus temores


no es un sueño


que aparezcas tatuada

con los signos del amor en tus rodillas

       los zapatos marcados en el tiempo

       y dos espejos señalando el comienzo,


si es un sueño dominar la razón

admito el desespero por soñar

y no me rindo en la paciencia hecha flor.


                                                 
                                                    Santa Clara, 1985






Pensamiento





Pensé que te morías en el musgo

y todas las piedras florecieron al atardecer


unas con matices pardos como tu inquietud

otras enamoradas de un demonio brillante

perfectamente pequeño en tus manos.



Pensé que era azul la sensación más dulce

y la compré toda para cuando llegaras,


todos eran locos hasta la mitad del sueño

y aparecían bañados de cordura,


la familia destiló con prisas mis deseos

en un afortunado cuarto de historias.




Te colgué de mis ojos inyectados de viento

                  con la intención de llenar un espacio

más pequeño que la tristeza vagabunda,

olvidé que venías montada en mariposas

y apagué las flores con su música,

    recogí en un vaso todo el llanto posible

y me morí en el musgo donde te soñaba.



                                                  Santa Clara, 1985






La marcha




Se hundió toda luz

la misma que bebimos antes del susto,

nos acompañó el temor de herirla

y salimos flotando en el camino


se alargó la esperanza de encontrar

mis zapatos desorientados


el peso matizó el desaire

jugándose toda suerte de milagros


caminamos


el aire incierto cesa

           provoca vientos

        y se desata el yo guardado


caminamos


el otoño era verde

de hojas desparramadas

abrióse la luz

          y el sueño con desespero


la cólera roía tus talones


caminamos en mi búsqueda.



                                              Santa Clara, 1985




La sombra del sol



Ayer se detuvo la sombra

en el instante verde acaballado de los potreros,

         quedaron sepultados los filamentos acuosos

      y se detuvo la sombra con el mediodía

al ritmo inútil de la paciencia estéril,


el sol perdió un rayo en el paso estrecho

y a su regreso traicionó la visión del día,

          se encaramó en lo alto de una paloma

y vislumbró toda la razón de ser amado,


la sombra habló a los almácigos

              y murió hecha cenizas para beber,

amaneció


un perro llevaba el sol escondido

y una mariposa quieta arrebató el calor,

          guardóse dos partes en el aleteo

       y enamoró a la sombra en su capullo,


   una medusa de papel abrió una grieta

       y salieron gorriones que hablaban del sol.



                                                    Santa Clara, 1986




Bertha, la de siempre


                                       a  Bertha Caluff



Bertha usa tejido B para cubrir con gusto

su armonía de cantos,

monta unas sandalias con imaginación

que presuponen andar el tiempo

como única paz en sus manos,


balancea su meditación guardada en un bolso grande


y antepone sus inquietudes

tomando una semilla blanca

que la hace vivir en el letargo,


Bertha pasea la tristeza que llama amiga

mueve con sus aspas

            cada sentido infinito de amar

y embriaga el lenguaje

                   con un desenfado perfecto,


ayer con una bata corta

y las piernas andando el mismo tiempo

lejos de hoy

                     acompañada de su desamparo

perdida en un bosque despoblado,


             caza una mariposa enorme

y se traslada al conflicto sin dimensiones

de un poema logrado

mientras entrega todo su olvido al alba.




                                                 Santa Clara, 1986




    

Aquella vez la lluvia





La lluvia escupe una hora de muchachas turbias

viste de gloria

las alas desnudas de las mariposas

y convida a vivir un siglo encerrado en el trópico.


La razón de morir calma la lluvia

mancha de azul los ojos dormidos

y desvanece los encantos de una hormiga ,


frágil

limpia de pecados los patios del fondo

levanta una pared de insomnios,


                                   desespera


la calle resulta pequeña para su espanto

se achica la esperanza de encontrar el tiempo

vuela una hoja de papel

                         envuelta en la lluvia

siguen cayendo muchachas turbias

una loca sensación de reclamo golpea el rostro,


la hora miente con crueldad

una vecina escupe sus muchachas

otra

                   se cansa de lo mismo,


la lluvia cesa

ya no mueren más muchachas


me perdono estar cubierto de su risa

y alejo toda impresión de verlas caer.



                                                   Santa Clara, 1987





Recomendaciones



Señala en mi ruta una diferente para tí


recoge lo más necesario y que no pese

            el último recibo de cariño

            un pañuelo   el abrigo


y cuando definitivamente no esté

marca los días en un almanaque sin espaldas,


intenta borrar los domingos

si con ellos vas a morir,

saca las flores a pasear

observa mi tardanza en un reloj de arena


olvida los presagios de tu vecina

besa el abismo y levanta una muralla

                            que proteja tus pupilas,


ve cada tarde a encontrarme

mezclado entre los sucesos de ayer

no lograrás verme

encaprichada en dominar mis lentes,


mantén la sed de mi cuerpo

luce tu calma hecha mujer y ahoga

la impaciencia en el transcurso de una emoción,


ve cada noche a las minas

grita mi nombre y saluda

el eco de mi risa sobre tu mano,


apaga sin confundir

           las inquietudes menos propias

despide temprano a los amigos

                              y no olvides

guardar todos los desayunos dejados de hacer,


a mi regreso anda descalza y camina

                                               camina

sobre mi pecho extendido en tu memoria

                                               flota

oscurece mis sembrados y el sol

busca a tientas mi lugar

prepara tu partida


                 y ninguna recomendación.

       Santa Clara, 1987



El cuarto de la Víbora



La música es un cuarto de hora

                      vanidosa

                      sugerente

y se transporta por el aire

                         con sueños de manantial,

ella es

            la cubeta de aluminio

            el trasteo de mi vecino

            el fondo manchado de cal

            la transparencia de mi casa,


si esto donde vivimos

que se parece a la música

                                    tiene puertas al mar

y a la calle adolorida de huecos

                                        tan salvajes

como el encanto de mirarnos rotos

                                 en la laguna del bar,

entonces

abro una puerta

         con la intención de llegar

                                 o no llegar,

miro atrás

bostezo un techo de cuerdas

y me quedo en mi lugar.




                                         La Habana, 1988




Cabalgata en dos



Cabalga en tu pecho mi sonrisa

y se hace mar  cada deseo del pez,

el murmullo del polvo ondea a la entrada y se cobija

en la espiral multicolor de una magnolia


la habitación cabalga sobre una burbuja

llena de burbujas también,

              incrédulas

         de vasos sin flores

           y armarios de antaño,


canta una rana

bajo las piedras del techo

en el hemisferio gris de las tristezas,

el croar  se dispersa en el aire

con una visión de tierra prometida

                         menos dura que el martirio

casi con fuerzas para gritar que se detenga

                                y pedir

pedir una brújula que marque el sur

          un norte al olvido

        y el este entre las añoranzas.


Despierta la piel

con la aspereza del batracio

las flores no abrieron

su mano parecía la brisa

                           barnizada de distancias,

al final del canto murió el deseo

el oeste no apareció en la cabalgata.



                                                         Santa Clara, 1992




El tiempo


El tiempo está escrito con agujeros

                         amarrado con cuerdas

que flaquean al pasar la tristeza,


                 es una maraña de hilos

                                              incoloros

y razones profundas para tragar el enfado

                                                    de otros.


El tiempo es lúcido

                 se viste elegante cada mañana

              y se desnuda de cantos

                                    en la tarde.


El tiempo vuelve a ser tuyo

cuando regresas al orígen

                           en una bandera de sellos

y con esperanzas manchadas de costumbres.


El tiempo nació balbuceando

con la aspereza del lenguaje

y el brillo de la tierra mojada

            no una tarde de lluvia

sino con la palabra floreciendo en el fuego.



                                                  Santa Clara, 1993




El monte



Las hojas son un festival de absurdos y venas

foliadas por el trueno indefenso

                   de cogollos y vainas

vomitadas en las raíces de endebles,


el monte tiene de vigía al marabú

que teje un frenesí de espinas

para cuidar al pino y la caoba


no hay castores blancos

ni nueces para las ardillas


un almendro alto

     amarillo marrón verde intenso


duendes y cantos navegando entre ramas

de eucaliptus tocando las nubes


yagrumas apagadas por el tiempo

ocujes desconocidos y cedros

aromatizando la respiración de todos,


la huella del hombre es grande

escribe amor en un algarrobo

muestra su ignorancia y mata


la ceiba tuvo suerte de venir

protegida por los dioses negros

              alta fuerte soberana

sólo muere cuando el tiempo lo precisa


la palma contempla el crimen

y espera el ajuste de cuentas

el siglo que viene.



                                   Santa Clara, 1994








Preguntas de la edad


                                          a los amigos de antes

                                          cuando madura el silencio




En qué piensa la nostalgia

                       cuando la primavera es un olvido

y allá

          en el principio de un dolor

          surge el olvido y la esperanza.


Cuánto tiempo vivió entre nosotros la melancolía

unas veces vestida de negro huyendo al fuego

y otras soportando la tregua del invierno.


Desde cuando la armonía ocupó toda la pieza

                                          y chocó metales

para hacernos saber

que el filtro de la justicia era tolerable.


Hasta qué frontera puede poblar el llanto

la simpatía por alistarse

en una guerra de pareceres.


Por qué la paz se murió una tarde

cuando el otoño vestido de capricho

borró de las estrellas la nuestra.


Cómo es por dentro

la libertad de un pez que nos confiesa amar

los colores de una playa olorosa a sales.


Para qué me nacen alas

                                      y escamas

                                                        y rayos

                                      y praderas

si enjaulado yo miro el azul moribundo

                                              de mi patio.


Es que estamos levantando

el último septiembre sin flores ?



                                                      Santa Clara, 1995





Esperar sentados en la vida



No esperes que vengan por tu razón

si la lluvia es una minúscula cinta de filamentos,

no guardes tu prisa exterior

si el viento se sienta a tus pies,

convencido del sueño de la noche anterior

no pierdas la esperanza de ver nacer el sol,

espera el tiempo preciso para engendrar

el millón de cóleras desparramadas,

guarda el sabor escondido de tu risa

cuando percibas el llanto en un adiós,

pierde el miedo a los ojos

que pueblan las calles de tu universo,

abre las ventanas y mira

la contraluz te animará a levantar

un canto de voces por los muertos,

no te aflijas

mira los hombres caer y no los abandones,

no recrimines al millar de golondrinas

sobrevolar las mismas olas

que ahogaron la inocencia sin querer,

mira los hombres caer

nadie duerme

el silencio cubre los rostros fatigados

casi estamos al final de otro año

y esperamos por ilusión

                     por cobardía

para no olvidar que seguimos viviendo.



                                                   Roquemaure, 1996





Parrafada a los más y a los menos



Pensaba en ustedes cuando mi sombra atrasó su paso

tropecé con ella y me asusté,

ya perdí la cuenta de las malas estrellas

deben recordar que fueron muchas noches

hablando de cruzar el muro sin mirar atrás

rompiendo el silencio a ritmo de quejidos

o ensayando cómo ahogar el placer sin alcohol,

eran miércoles desnudos en dos bancos

y jueves de fantasía alrededor de una mesa,

no siempre fuimos los mismos

y tampoco sembramos el amor en las aceras,

nos fuimos odiando para vengar la risa

y escupimos la alegría lejos del círculo,

amarré la sombra a un poema amargo

y convidé a la suerte vernos partir,

cada cual montó en una rueda de sueños

y a cada nuevo encuentro faltaba una flor,

yo pensaba en tu visión azul de las nubes

sentado sobre las piernas

de la mujer de tu amigo

y daba la mano a otro amigo

que tocaba la fibra dulce de un árbol

también desnudo porque era noviembre,

uno de ustedes dejó de hablarle a la vida

otro sucumbió al interrogatorio de luces,

las faldas cortas desaparecieron en enero

y nadie más se reunió a las diez,

el invierno avergonzó las mejillas de Dios

y se les ocurrió un filme de locos

vestidos de locos los cuerdos

caminando a la infancia de un patio,

las frutas no alcanzaron para todos

y una voz se alzó contra nosotros,

apareció uno de azul tras un cuaderno

y varios de verde rompiendo tu fuerza,

el concierto fue grande por los gritos

y el sentimiento de barcos en cada canción

yo tuve un amigo que nunca llegó

y otro que volvió girando sobre la mar,

encontré la pañoleta doblada

era una música de frases abrigadas,

me propusiste llenar de letras

los ojos vendados del vecindario

y te traicioné en el susto inmenso del miedo

en la flauta que dejaste olvidada

en la casualidad de tener un apoyo de hierro

y varias palabras escondidas en el bolsillo,

un pensamiento oscuro se posó en la mesa

alguien conoce la suerte del grupo

el amor estival de la unión agradecida

y se encarga de violar las reglas

con supuestas caricias de cartón,

la traición se paseaba en derredor

y yo comencé a olvidar mi lugar,

entonces nació de ustedes un nosotros.     



                                   Roquemaure,1996




A partir de entonces…


El año que nació mi suerte

octubre se declaró de hierro fuerte y severo,

a partir de entonces crecieron los rios

la furia el viento y el agua nos dejó sin techo,

nació la duda de los quejosos

y se desprendió el amor en pedazos tristes

salpicados de jungla y abandono,

ante la luz y a retazos

la vida fue un cuaderno de caprichos,

una voz cambió el orden de los meses

y convenció que no era loco su ejercicio,

supimos del sur con mala exactitud

el ancho azul duró horas

y las tierras eran cuadros multicolores,

a la vuelta plantamos el desapego

y el odio natural a los sembrados

se escondieron las rodillas para siempre

y el día amaneció con voz de hombre

era el carapacho nuevo del mundo

forjado en guerras y cortinas,

el fin de una historia de rayos

de un país blanco empapelado,

se encadenó de corbatas el sábado

y no llegaron a cincuenta y cuatro,

un beso diferente derramó el calor

y otros soles con la voz gigante

y el pecho abierto a las verdades,

abril se estacionó cerca del mar

pasó volando la lluvia

y descubrió que el mundo tiene primavera,

corrió a su encuentro una hoja caída

moldeó la destreza y el cariño

la suavidad escondió la locura

y el grito no escapó, la flor se abrió

y heme aquí bañado de tus sustos

perdido entre el sueño y la fatiga

huyendo al desvelo impropio de mi ser,

se acaba el martes ajeno a la risa

y pienso en tu timidez, que me fascina


dónde estaremos mañana

cuando se llene el labio de manchas rojas ?



                                                                   Roquemaure,1996





Malas nuevas del dolor venido en un hilo




Salí para llorar en compañía del viento,

podía hacerlo a tu lado

masticando mis propias bolas de cristal,

pero,

salí                    en compañía de nadie

       mascullando palabras de mi emoción

atravesé un tubo largo y silencioso

donde nace la membrana de los ojos

y lloré tranquilo entre los árbolles,

no había velas en el horizonte

y se secaban al aire las hojas tristes

el último adiós no me acuerdo

fue entre jaranas y flores

el viento me pasó sus muchas manos

y despertó mi sombra dilatada,

nadie me vio llorar

salvo el silencio verde amarillo del otoño.



                                          Avignon, 1996









Recuento de la disciplina


Esperar

Volar

Descubrir

Volver

Saltar

Encontarte

Vivir sobre tus piedras

Amarte

Navegar entre tus aguas

Partir

Buscar un lugar en la línea

Devenir cobarde en la flecha

Descender al enigma

Escribir un mensaje a Dios

Cuantificar tu ausencia

Saldar mis cuentas con la época

Callar

Añorar

Aprender tu ritmo

y esconder el llanto en el armario.





                                                      Paris, nov 1997









Tengo un dolor guardado




Mañana voy a comprar

todas las tristezas del mundo,

las negras perdidas en un abismo

la selva verde que galopa

y tus caprichos de sirena,

              voy a comprar

el cielo descolorido

y la prisa que llueve en tus ojos,

todas las tristezas volverán a su sitio

un pueblo oscuro sin niños

y brujas riendo ante mi sombra,

sin escobas ni escuálidos dedos

sin largas uñas ni cabellos sucios,

te llevaré a un lago de miel

y podrás reposar de los ruidos,

del golpeteo de mis pies helados

de mi angustia nacida ayer,

hablaré a tus manos

y pediré me abracen hasta perder

la última sensación de vida,

sólo tengo un dolor guardado

es redondo y mágico

con azúcar de colores y estrellas,

me lo llevo conmigo

porque no vale nada.



                                          Paris, nov 1997







Demarcación




Dos fronteras

una abierta a la jungla otra cerrada

una de aire y polvo con el techo gris

el vacío como única vida

las antenas como chimeneas

el anochecer a las cinco

un lucero callado donde no hubo sol

y tu ausencia que me hace temblar,

la otra con pasos infrecuentes

amarilla y fría como tu silencio

puerta cerrada a todos los deseos

compañera de todas las puertas cerradas

y el suelo abaldosado

para soportar mi próximo paso

tu pronta llegada

la confusión de la tarde ambigua

tu andar de mujer que comienza

dejándome el adiós entre las manos

tu ausencia que mi dolor refuerza,


cúal frontera será la mejor

para marcar una última semana

para hacer una cruz al martes

y volver.



                                  Paris, martes 25 nov 1997





Ofrecimiento



Te exijo un astro

                            y

me ofreces

             dos asteroides bañados de miel.


Te empujo a alcanzar la luna


y apenas puedes llegar a mí

porque la traes en tu bolsillo

tu bolsillo de las cosas posibles,


me colmas de reproches tiernos

                                     y ternuras desafiantes


me muestras que sabes

                      besar mis insolencias

                      golpear con tu dedo mayor

                   y pasear al borde del mañana,


me exiges un ramo de flores

en cada frase de una oración

                       vieja como la vida,


y solo puedo ofrecerme a tí.



                                           Paris, junio 1998







Memoria




Apagó la luz para alejar el miedo

y comenzó a nevar detrás de los párpados,

era una lluvia de colores furtivos

capaz de helar la soberbia,

detrás de cada claridad caminaban los hombres

se mecían los negros en sus hamacas

y chupaban el alcohol a los canutos de caña.


Los hombres caminaban en silencio

miraban desde afuera las mujeres

con las pupilas inventadas de llanto

que no era más que el licor de sus dolores,

caminaban en sentido contrario al sol

aquellos hombres de manos grandes

y el pecho desnudo sin músculos

o con los músculos escondidos

en algún lugar de sus fuerzas

y el silencio maniatado a los bolsillos,


los hombres avanzaban

estirando el último deseo

como única fatiga permitida,


la luz dejó de existir

el miedo se instaló lejos

y ya no era agua de un surtidor,

estaba apagado

y los hombres aplaudían

con el rostro mirando a su pasado.



                                           Paris, junio 1998