mercredi 1 août 2007

Anotaciones al margen de tu aliento - Ed. Delatante


El cuaderno de poesía « Anotaciones al margen de tu aliento », de clara expresión intimista, recoge una selección de los poemas escritos a medio camino entre lugares distantes, o en lugares no distantes, alejado de los caminos. Todos los derechos están reservados © y queda prohibida toda copia y utilización sin previo acuerdo con el autor.


POESIA



a n o t a c i o n e s


a l   m a r g e n


d e    t u   a l i e n t o




Carlos Alberto Casanova








A mi madre, nacimiento del río


    a Nenita, río con fuerza


  a Marie Alix, torrente.







Oficio



Quiero moldear en yeso

la esencia de tu vida oculta al sol

y si lo permites

sembrar en tus ojos desprovistos de luz

las flores más flores

que sólo nacen con un manto de rocío,


            gravar tu voz en todas las tempestades

para acariciar en los parques

a todos los aligrises de la tierra.



Quiero moldear en barro

la voluntad impersonal de tus costumbres

y si lo permites

confiar a tus manos la libertad

nacida en la estación más pobre del universo,


            moldear un poco de tus torpezas

en este cuerpo inmenso que gira

             vagar por tu molde

             sin romperte.



Quiero tus aspiraciones

para moldear el aliento

                   y tu vida

sobre mi pecho baleado en la penumbra.


Te quiero.

                                                                                                                                                     Santa Clara, 1984






Adulterio






Todo parece cristal en tu boca

hasta la sensación del atardecer en tu pupila,

caña de azúcar secuestrada al viento

es tu romance de cuadernos lisos

                         y jabas con olor a triunfo,

el cuello sombreado de penas y escaramuzas

para gotearlas en cada palabra

                                     oculta en tus senos,


abandonas el amor en una esquina

anillada en contradanzas sencillas

                                         tan viejas

como la quietud senil de tus labios,

así enamorada

      me prestas lo musical de tu cuerpo

abierto en la desembocadura de mis resabios.



                                               Santa Clara, 1985





Aparicio




Apareciste en una esquina de la mesa

con unos ojos de árbol y asombro

y las manos salidas de un molde perfecto,


apareciste mucho antes de llegar el verano

y no te faltó deseos de pedir otra vez

la misma combinación de explosiones

                                     fresa

                                     oro negro y

                                     serenidad

estudiada para despertar la sed

permitida desde el comienzo,


apareciste con la necesidad acorralada

en alguna esquina entrevista de tu jean

               poco después del cañonazo

               como un ángel de veinticuatro


descubriste la misma dirección

                              de mis antojos

                 una ruta urbana

                 amueblada por suerte


y desapareciste con paso seguro

en la oscuridad de una calle del Cerro.



                                               La Habana, 1988





Razones para llamar




Alguien toca una puerta y otro alguien apaga la llamada.

Hay un mundo de felices sin llave.


La contemplación permite esculpir el recuerdo,

hay viejas puertas

                         sin bisagras enmohecidas

casi murallas para los extraños,

y puertas nuevas

                         con hendijas fileteadas

para mirar la luna del vecino.


Descubrimos la necesidad de morir

sin anunciar el deseo a las luciérnagas,

Saturno presta sus anillos

para enredarlos en la aldaba de mi puerta,

alguien toca y yo no estoy

                      contesta el silencio de unos pasos,

                                                                  pasos

semejantes a los mios,

la posibilidad de abrir

                     adquiere el sabor de una caricia

un día lo recordarás,

                             la puerta no se abrió

adentro,


ellos se besaban sobre el filo de un cuchillo.




                                               La Habana, 1989




                                  

Mujer




La frente amontonó arrugas

                                 y gritos sordos

                                 de tempestades felices


jugar con la brisa hecha flecos

fue un pasado miope de mirada cristal,


su pasaporte

una enorme libertad entre muslo y muslo

sin angustias por un día perdido.


El primer estruendo nos sorprendió a oscuras

la amaba,

                y después de beber en sus senos

                le sonreí al viento sus quejidos,


la herida fue donde el columpio oxidado

era una lluvia de penas

no una minúscula pena coloreada de amarillo

el color más profundo de su razón,


era la velocidad detenida en el noventa

                           con el pecho descalzo

                           y el orgullo arropado,


ya no funcionas en trenzas

ni devuelves la sed contenida antes,

sólo duermes

sin gritar

recogido en la nuca tu aliento

                abandonada en la esquina cruel

                de un pasado.





                                               La Habana, 1990






Posibilidad




No temas al amor sentado en una baranda

todo es posible de armar

si cada pieza tiene un signo oculto


puedo amarte sin sol y también

                       ahuecado en la paloma azul,

            escuchar bajo una piedra

                           sin el eco de otra voz

las miserias espontáneas

silbando agriamente como mordida de pez.


Un caramelo en órbita

                      destinado a florecer en la lluvia

                      se desgaja en reminiscencias

                      capaces de absorber lo abstracto.


Yo deposito la historia en tus oídos

                     tan despacio

                     incontenible de llanto

                     y musarañas

que pierdo el bastón dejado por descuido.


No temas al lunes

                              el amor nace también

el segundo día de la semana.





                                               La Habana, 1991





Para calmar el desespero




Abril fue dehojando cada día con nosotros

el sol aparecía despacio en cada amanecer

crecía hasta lo alto de un pino

y coronaba de amarillo todo el silencio,

                                                  sillencio

                                                  amurallado


abrió la primavera cien matices para mayo

          piedras con desespero de mar

          noches leyendo en el brillo del cielo

          un universo de estrellas amarradas,


nació la duda con los ojos vendados

junio dejó de ser un mes de treinta años

fue una confusión de arenas tristes

las estrellas volaban enloquecidas

rompióse el muro y la inquietud,


no volviste

el verano comenzó en noviembre

era tarde

aquella noche solo pensé en mí.




                                         La Habana, 1991




El valor del tiempo




Tu sensibilidad detiene los relojes

y casi desespera el temor a perderte

                          se esconde a las cinco

y aparece como la lluvia

                en la más feliz de las estaciones.


Calma la sed tu fortuna

                                      un saco viejo

                                                 y roído

                      beber en la palma de tu mano

                      romper una punta de la luna,

entonces

procura besar el tiempo que no vuelve

aprende a amar mi nostalgia por lo viejo

encanece tu alma

cambia la dirección del viento

y encuéntrame donde nací.




                                           Paris, 1992



                    

Soporte




Salta una poesía y se incorpora

justamente al final de un verso viejo,

el mar

encandila con torpezas y algas

cada movimiento de mi mano,

la poesía flota y se deja llevar

tiene pescados sin ritmos

la transparencia de un aguamala

y la sonoridad marina de un caracol,

el mar

señala el nuevo verso y permite hundir

toda la desconfianza oculta en una rima,

una palabra escapa a la memoria

que solo añora beber

tragos agigantados por las flores

y sonrisas veteadas de licor,

nadie quiere escuchar razones violentas

o comunes remordimientos

el hombro está libre de poemas

tu mano está sobre mi hombro.


Es la cuarteta que amo.




                                      La Habana, 1993





La primera vez


Casi al final de una melodía

en mi lugar soplaron todos los vientos del sur

era imposible reconocer la tarde

                                           envuelta

en la fiereza del calor        

                                           y hombres

arruinando el saludo tibio de la sangre,


un vestido negro achicando el entorno

una voz

un libro

una excusa

la sonoridad incolora del susto

el nerviosismo blanco del encierro,

todo fue una rara sensación

                                             de hombre

                                     niña

                    muchacho

           mujer  

desconocidos

                       el aire

                                  tu ausencia

todas las piedras moteadas del cielo

tu susurro

el sueño impreciso de la altura

el temor

la curiosidad

tu pelo enloquecido sin ambición

las manos pequeñas de mujer grande

un río enorme

tus cartas

un puente viejo y el mar,

la seguridad de la primera vez

osa vivir entre nosotros.






                                       Paris, 1994




Añoranza


                         a mi madre que espera



Te sueño cada noche para encontrar la calma

te palpo en la distancia y me acerco a tí,

cuando flaqueo me impulsas

cuando sonrío lo dudas,

el verano es corto y la montaña quebrada

sol        tejas         ventana colonial

y la añoranza de estrecharte

crestas blanquísimas como tu dulzura

en cada hora tu confianza

y el quejido de los rebaños

apareces en los pinachos

en el sol tímido de la altura

o pronunciando mi primera sílaba en los torrentes,

cala        begonias        helechos

tu mano para regarlas tu mano

de una garganta de piedras y ríos

al hilo de voz que me susurra

canción     hijo    tiempo     madre

complicidad y regocijo

el alba y la tristeza.



                                     Paris, 1994




Consistencia




Cada vez pongo a prueba

la intranquilidad suave del viento

cuando te hace sonreir voces ,


emerges de un andén sumergido en columnas

                                                victrolas

                                                y cantos

emerges y eres feliz

contando pares y nones y cada prisa por volver


y para volver desmientes al sol

buscas una luz más triste

                                   como tu andar

               menos convencional 

                                   como tu mirada,


te encierras porque seguiste el bullicio

    parece bien lo que otros no sugieren

te aprisionas en el muro

    insertas lo poco del sur

    que pertenece a tu página

    y terminas leyendo tu mano

    en una consulta de Paris,

te ofreces

    ofreces tu fiereza

    y descubro tu sensibilidad.






                                   Avignon, 1995





La segunda vez


Cuando apareció la mañana

el cielo iba de azul y tu de crema,

la noche quedó lejos

era un premio de expresiones,

el cielo se bañaba de vientos

inseguro de mostrarme sus alas

                  una puerta enorme

y paredes con grietas

                        lavadas con polvo,

éramos pequeños en el ovillo

atravesados por versos

                    también inseguros

                             leales

                             humanos,


desconcertados por la dirección del río

que no era mar

        ni olía a monte

        ni a calles empinadas


pero traía tu voz cálida

              tus pupilas

              saboreadas con miel


la segunda vez

el viento pareció nuestro

acepté su fatiga

y me quedé con él.






                                   Avignon, 1995





El Mistral es un signo


                                   a Marie Alix



El viento cesa y me acerco a tí

              camina a zancadas

              entumece mi último aliento


ya casi percibo el color simpático de tu suerte

                       la melena intrusa

                       tu pie ángel

                              vestido de pasos enormes,


el viento vuelve y alejo todas las sensaciones

             es un susurro de mar equivocado

             con fuerza de sol interrumpido,


no estás en el segundo más grande de la calle


no vuelves hasta la tarde

                me desespera tu falta,


no eres el sol con capiteles romanos

      eres

              un puente que alarga su brazo

              para llegar a mi orilla.




                                               Avignon, 1995





Lo cotidiano de nosotros






La suavidad de la tarde es un deseo fiero

                                         susurrante

el calor no esconde mi timidez

la brisa es un capricho de la altura,


tu duermes en el ruido

escasa de valses y goteos

la semioscuridad es un placer

    te hace dueña de mí


yo busco la luz y el sol sereno

       la paz de la fatiga

       el verde casquivano y mate


tu duermes y yo me ahogo

          y canto en el sueño

la dicha de tener tu amor

cuando despierto y miro

     creo encontrar

un poema entrelazado a mí

      eres tú

absorta en lo infinito,


sabes que existo y parpadeas

alumbras con tus ojos la estancia

y escucho el canto tierno

         la ilusión

                  la fatiga

         el amor


yo busco tu mirada febril

una mano

       tu pierna

                   mi sangre

nuestros brazos

la suavidad de la mañana.




                            Santa Clara, 1995




Cada mañana




La pasión de despertarme es encontrar

el arrullo de tus manos sobre mi piedra bruta,

una sonrisa casi dormida

con la expresión del susto sobre los párpados,

                 el susto de no tenerme

porque mi pasión es huir

                            no de tus flaquezas

                            no de tus virtudes,

                 es huir

del tiempo que se muere acobardado

para no darle frente a la vida.


El beso primero en tu andar de niña dormida

es la fantasía tibia de una mujer en flor,

yo me marcho al sur porque te necesito

cada mañana

cuando sacudo mi rocío de perlas y brujos.




                                        Santa Clara, 1995




Búsqueda




Yo busco el agua para naufragar

teniendo la virtud de ser pobre,

            en el agua estás cristalizada y romántica

la sombra del sol gotea

hace dos días que no llueve,

                 el agua conversa con la risa

eres neutra en el círculo.


Yo busco el sosiego para no pensar

queriendo gastar toda mi riqueza,

            en el sosiego no estás

        ni en el aroma bruto del tiempo

        ni en la mancha leve arropada


hubo un día de rayos secos

el viento no paró de arrullarte

tu voz estrechó el tintineo.


Y me quedé perplejo entre la gente,

soñaste guardarme sin tener una ventana y pasar

                             la gente

la gente sonríe para no sonreir,

el mantel es un cuento de hadas

todavía escucho tu música

y aparece

                 el agua

     y el sosiego,


estás en el aire y me besas,


casi no te puedo alcanzar.




                            Santa Clara, 1995




Semblanzas




La altitud de tu fuerza

inspira el vuelo tibio de las cuatro

sombreado en blanco y mariposas,

ávida de sensaciones matinales

la penumbra adormece al tiempo

y sucumben los gritos del laúd


ya no persiguen a los cantores

                  no existen

ni farolas saludando el alba

ni ríos con reflejos de luna,

todo es una nueva latitud

             una extraña paz sin banderas

                    nada existe

ni el pórtico del viejo jardín

ni el asilo con camisones limpios,


la guerra no se percibe

la tranquilidad pesa en el olvido


la altitud de tus ensayos

inspirando el goce de la calma

invita a un desayuno amoral,


brecha de alientos torturados

canales sin truchas ni agua

fuerza bestial la encontrada

piedras guardadas para mañana,

no ladran los perros

no moja la lluvia de sustos

se borra la memoria

nacen nuevos tontos en abril

           con el encargo de seguir callados,




la pieza está desnuda

para dormir  solo hay sueños

la fatiga vive entre los ojos,

una andanada de cobres

viejos y primitivos soles de cartón

todo pertenece a la leyenda

         el torreón con sus milagros

      y la capilla de los caprichos

      solo premisas devuelven a Dios,

campanas y mantillas se fueron

las luces amarillas y el aire de rosas

  vestida de alcohol y geranios

el pasado envuelto en nada

                        porque nada existe,

ni el día de hoy que fue ayer

ni el abrazo redondo

y tampoco nosotros,

si existimos ante el color de la fuerza

            con la idea de irnos

es porque vamos muriendo detrás del horror.                          




                                        Santa Clara, 1995






Reposo




Prefieres el silencio y todo es tuyo,

                el verde oscuro y brilloso de la montaña

                el golpeteo del agua contra el bote,

no escuchamos más que ruidos

                            ruidos

                ajenos al humo y al hollín,

la torcaza  un totí  una bandada de guariaos,

el viento huele puro

también el estiércol tiene su pureza

se balancean los nenúfares en el lago

una ternera reposa bajo nosotros

la piedra es una mica grande

otra pasta al borde del agua


tú reposas de mis vecinos

yo reposo del necesario vivir

la montaña es un bálsamo enorme

con brazos largos y cabelleras al viento


el país es el mismo de mis abuelos

pero no es mío, no existe

la tierra levanta cantos

los dioses no miran hacia abajo


él me vigila

tú me vigilas

ellos nos vigilan

         nosotros rendimos tributo a la bondad

la bondad ha perdido el canto

se ha devuelto como moneda sucia

los holgazanes comen mi pan

                         el pan de mi trabajo

yo no conozco ese pan,


el ruido lejos rompe la ternura

una voz aparece a la izquierda

sobre la mica

recibimos gratis la bondad del sol

sólo eso logramos almorzar,


chillan unos pájaros que no vemos

el lago es un cristal revuelto

                 gris

             azul verde

                         negro

                               limpio sucio




el alto fue dado sin aviso

detuvimos el canto y preguntamos


el derecho no vive entre los vivos

la sombra de la duda se encapricha

el aire reconforta el hasta luego,

tenemos un hemisferio propio

               una consigna sin derroche


el estómago es franco y pide a gritos

                           nadie lo escucha

pero entrega su pedido

de tierra carmela y vecina,


no estamos en octubre

la isla se torna inútil

el lago es un hueco para otros

un cristal deja oscuro el deseo

las flores mueren por mi tristeza


tu sonrisa es espontánea

yo le temo al buey

                está amarrado

                pero sabe usar sus tarros,


yo le temo a todo           

soy frágil y así pretendes que te ame

tu eres fuerte

porque te bañas de fango y piedras

                  de manantiales

                             y susurros,


subes dando vueltas a la falda

subimos al tope buscando más

el ascenso tiene cuatro patas

                           cuatro piernas                         

Cirilo para servirnos

es la gentileza necesaria al corazón

la dureza del campo no hace torpe su hablar

necesita botas y un sombrero nuevos

               pero sin ellos

seguirá el camino largo

             el ascenso verde con olor a monte

donde muere el cansancio

y la vida parece así de grande,



el regreso es fango

con sabor a caminos

                    vericuetos desconocidos

                    barrancas y yaguas caídas,

perdimos el rumbo

con el susto en las manos

    y el tiempo apremiando


la suerte es una cinta

y corremos en ella sobre ruedas

el verde nos acompaña

ajustado el miedo a la faja


el sol se ríe con malicia

le hemos pedido un poco de su bondad


se abre la vida entre mis dedos

tu retozas enlazada a mis angustias

yo sugiero un hilo y corre la madeja,


la isla se va acabando

el lago pudo ser nuestro

todavía la calma se mueve a nuestro lado.



                                                    Lago Hanabanilla,

                                                    Sierra del Escambray, 1995